SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
lunes, 11 de junio de 2018
La hipersexualización de los menores
Hace un tiempo la publicidad, el cine y los medios eran considerados machistas porque emitían una imagen de la mujer asociada a rasgos tradicionales, su valor residía en ser buena esposa, tener hijos, encargarse de la casa, entre otras, lo cual la sociedad actual rechaza e identifica como sexista.
Sin embargo, con el tiempo se ha dado un giro presentando la figura de la mujer como objeto sexual, ahora su valor social está relacionado con su atractivo físico; un referente igual de negativo para las jóvenes. De hecho, recientes estudios sobre las inquietudes y aspiraciones de las jóvenes han concluido que mientras las niñas de hace veinte años se preocupaban principalmente por sacar adelante sus estudios y portarse bien, las inquietudes de las niñas de ahora giran en torno a su aspecto físico y la aceptación de los demás, limitando sus aspiraciones profesionales y debilitando su relación con sus iguales. Presentar a las chicas como objetos sexuales degrada su valor como mujer y refuerza actitudes sexistas que a la larga favorece la violencia de género.
Otro factor relacionado con esta cuestión es el acceso a las nuevas tecnologías que se produce a edades cada vez más tempranas lo cual conlleva riesgos. Los menores pueden visualizar fácilmente contenido no apto para su edad, de hecho, según el informe del Parlamento Europeo del año 2012, ha disminuido la edad de acceso a la pornografía, que unido a los contenidos sexualmente sugerentes que se emiten a través de redes sociales, canciones, videoclips, etc.; crean una situación preocupante. Los niños y niñas de edades tan precoces no están preparados emocionalmente para entender lo que están viendo, de modo que acaban desarrollando conductas sexuales de alto riesgo, que implican graves consecuencias como el contagio de ETS, embarazos no deseados, difusión de imágenes, y degradación de su autoestima.
Observamos que la mitad de los adolescentes que nos consultan por temas de sexualidad, lo hacen en referencia a relaciones sexuales (51,0%), y un 14,6% sobre el uso de la píldora postcoital. Las enfermedades de transmisión sexual representan un 3,6% de estas consultas. En cuanto al perfil de los adolescentes que nos llaman por problemas de sexualidad, observamos que la edad media se sitúa en torno a los 15,3 años, no obstante, recibimos casos de menores de edad preocupados por problemas de sexualidad a partir de los 11 años. Cabe destacar, que recibimos el doble de consultas de chicas que de chicos (67,0% frente a un 33,0%), lo que indica que las chicas muestran mayor preocupación en temas de sexualidad.
Los informes mencionados coinciden en que la sexualización precoz de la infancia tiene graves consecuencias psicológicas para las mujeres, destacan los trastornos relacionados con la conducta alimentaria, baja autoestima, frustración, complejos y depresión. Además, desde muy pequeñas, las niñas son educadas en torno a elementos superficiales donde prima la apariencia física en detrimento de su desarrollo personal y profesional; se les adelantan etapas vitales impulsadas por la presión social; y se abre un espacio que facilita el abuso y la violencia contra las mujeres.
Las redes son el instrumento que utilizan los preadolescentes y adolescentes para proyectar una imagen de ellos. Las menores exponen fotos de ellas mismas de índole sexual con el propósito de conseguir más “me gusta”, más seguidores, más visualizaciones de sus vídeos, y ser popular entre sus iguales, bajo la falsa idea de que el éxito social depende de una imagen, restando importancia a los valores, conocimientos, etc. No olvidemos que los adolescentes necesitan sentirse integrados por sus pares, sentir que son aceptados y pertenecen a un grupo. Las chicas quieren parecerse a quien admiran, y si las cantantes, modelos, actrices, … representan a mujeres convertidas en objetos de deseo masculino que al margen sus aspectos personales son valoradas por su atractivo sexual, será lo que las menores adopten e imiten.
Abordar esta problemática necesita un enfoque integral en que participemos diferentes agentes, padres, cuidadores, centros escolares, psicólogos, organizaciones de consumidores, de publicidad, entidades sociales, asociaciones de padres, e incluso al gobierno.
El papel de los padres es fundamental dada su proximidad a los menores, deben educarles en la igualdad, evitando presionarle por su aspecto, concienciándoles de los peligros del mal uso de las redes sociales y ayudándoles a desarrollar su propio pensamiento crítico. Pero, además, debería revisar y filtrar el contenido al que acceden los menores.
Es especialmente importante que ellos entiendan el concepto de intimidad, que hay cuestiones que no se pueden compartir con nadie porque son nuestras. Además, ellos deben poder saber, cuando están aceptando amigos en sus redes, si realmente son amigos, o son personas que dicen ser amigos de mis amigos. Al final, el concepto “amistad” en nuevas tecnologías es algo diferente al que utilizábamos antes, por lo que llegar a esta reflexión con los más jóvenes es fundamental. Para poder evitar la “prisa por crecer” en nuestros niños y niñas es importante que los primeros que nos lo apliquemos seamos los adultos, los padres, que no tengamos esa urgencia de que lo sepan todo, compitan siempre y tengan que destacar. Tratémosles como niños/as y adolescentes que son, no como adultos que ya saben cómo deben regirse.
Otro aspecto, es la educación en los valores necesarios que nosotros queremos fomentar, ¿qué es lo que verdaderamente importa?, fomentar su empatía por el otro. Además de los efectos en el desarrollo que puede tener esa “sexualización temprana”, la sobreexposición de la intimidad también puede tener otras consecuencias negativas. En los últimos años observamos que el ciberacoso se ha incrementado progresivamente, debido a que abre un nuevo escenario para ejercer violencia en cualquier momento y desde cualquier lugar, es de fácil acceso e incluso se puede realizar de forma anónima. Este tipo de violencia genera un gran sufrimiento para las víctimas que lo padecen sintiéndose muy vulnerables.
Desde que se puso en marcha el Teléfono ANAR, nos llamaron muchos adultos y familiares que necesitaban encontrar un servicio de orientación en relación a menores de edad. Sabemos que detrás de un niño con problemas, siempre hay un adulto que necesita ser orientado. Nos encontramos diariamente con llamadas de adultos que están cercanos a los niños/as, que son conocedores de la situación y que, gracias a ellos, salen a la luz situaciones ocultas que afectan a población especialmente vulnerable (niños por debajo de 10 años), que no pueden pedir ayuda por sí mismos.