El Diario de Gualeguay
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Sábado, 24 de junio de 2017
COLUMNAS • UNA NUEVA MIRADA
domingo, 04 de diciembre de 2016
¿Cambiamos?
Hace un poco más diez años comenzaba a gestarse un sueño, un grupo de ciudadanos, con sutil trayectoria política, se reunieron para pensar en un país mejor, renovado; aprovechando el paradigma del momento y de la mano del sentido común, trasformaron sus ideas en un partido: el PRO. Este sueño tenía un norte, alcanzar la presidencia. Hoy a un año de hacerlo realidad, salen a la luz interesantes conclusiones.
Es preciso destacar, que el contexto nacional fue de mucha ayuda para que esta “Propuesta Republicana” llegue a concretarse. Todas las acciones de gobierno se encuentran encadenadas, el vacío administrativo del 2001, dio como resultado a una gestión de 12 años que supo salir del paso, pero que también fue estratega a la hora de usar las necesidades de un pueblo agobiado y transformarlas en una manera de hacer política dependiente, constituyendo en parte un sistema deshonesto.
Fue así como la ciudadanía fue mutando, y de a poco la necesidad de un cambio se hizo presente en las urnas, el descontento nuevamente entró en escena y el aquel bloque que desde 2005 venía dando pelea logró colocarse como el mejor candidato para aliviar la situación.

Tras vencer en balotaje al candidato del Frente para la Victoria, en unas elecciones inéditas, el PRO ocupó su tiempo en ideas para una trasformación que en los libros serían a largo plazo, pero que no resultarían tan fáciles de aplicar como pensaban.

La constante referencia a la herencia recibida, junto al verdadero caos institucional y económico que recibían, hizo que se tengan que tomar decisiones no del todo acertadas, que además de ser apresuradas, hablaban de una evidente inexperiencia.

A pesar de haber podido resolver ciertas cuestiones económicas y abrir un velo de orden a la organización estatal, muchas preocupaciones de la sociedad aún esperan una solución, temas tan candentes como la pobreza, la inflación o la política exterior, son ejemplos de una administración que envuelta en expectativas, no puede todavía superar grandes obstáculos.

"Se generó una expectativa de cambio mágico y de eso hay que alejarnos", expresó el presidente Macri en conferencia de prensa, luego de haber culminado el retiro espiritual que congregó en Chapadmalal a funcionarios y ministros del gabinete, quienes se reunieron para sacar conclusiones sobre un año difícil.

Ahora bien, quizás la mayor ventaja competitiva que tenía el bloque amarillo era ser sinónimo de cambio, presentarse como una agrupación joven capaz de romper con un sistema anticuado de tradicionalismo y regímenes personalistas. Sin embargo, en la práctica detectar estas características se vuelve una tanto tedioso.

Por un lado, la necesidad de contar con el apoyo de grandes grupos de poder, como el radicalismo y ciertos sectores peronistas, impide acercarse a esa idea de transformación democrática. A su vez, si pensábamos que el populismo había concluido con el kirchnerismo, muchas acciones del gobierno actual, dejan entrever ciertos propósito de continuar con esta corriente.

Puede decirse que se ha conformado una amalgama, integrada por una praxis que se expresa como popular pero que se piensa dentro de una cabeza liberalista. Lo cual hace que muchas disposiciones puedan verse como contradictorias, o en su defecto, como la única manera que han encontrado para comenzar a progresar.
Todo esto no puede evitar reconocer que existe una intensión de cambio continuo y certero, pero está claro que, al menos por el momento, no alcanza solo con eso. La evolución de una sociedad constituye un proceso largo y perseverante, comenzar a intentarlo es un paso importante pero no el único. Es por eso, que nace de mí una pregunta, ¿verdaderamente cambiamos?
Agustín Curuchet