El Diario de Gualeguay
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Sábado, 29 de abril de 2017
SEGUNDA SECCIÓN • CULTURAL
domingo, 12 de marzo de 2017
EMMA BARRANDEGUY
El 8 de marzo es el día de la mujer, pero también es el aniversario del nacimiento de una preclara mujer que enjoyo la literatura entrerriana y argentina. Nacida en Gualeguay nos enorgullece su trayectoria y nos provoca un sano orgullo. Por eso hoy queremos recordarla en la profundidad y la admiración con que vivió su vida.
Cuando una trayectoria esta enraizada en la profundidad de una cultura, es como una raíz que a pesar de estar en la profundidad de la tierra, da los frutos que trascienden el reconocimiento a través del tiempo. Por eso, en este día los invito a recordar la poesía de Emma Barrandeguy, porque pienso que la mejor manera de homenajear a un creador es leyendo su obra.
Un Hombre
Las costas verdes, los sarandisales
el mostrador donde acodabas tus hazañas
aquellas suelas y el martillo curvo,
las pieles de las nutrias,
la manta testimonio de esa fiebre
que trajiste del norte,
el machete triunfal sobre las pajas,
las redes viejas junto a tus polémicas,
la canoa prestada y los anzuelos,
la cuadra de batatas que dejaste sembradas:
hoy no se hacen presencia en tus pupilas,
entran al territorio del recuerdo.
Porque la vida de un hombre,
de un loco,
de un rebelde,
de un disconforme eterno,
de un hombre que no supo hacer dinero
pero sí caminar, conversar, beber,
estar en desacuerdo
y desatárselo en palabras a la gente...
Porque la vida de un hombre como tú, digo,
no es más que esto:
una enumeración de circunstancias,
el recuerdo de un proceso,
una barba crecida,
un hijo muerto,
unos ojos brillantes,
gajos del Gualeguay entre los remos.
En el agua tenías que morir,
no hay que asombrarse.
Tendiendo redes en la noche,
para pescar por fin tu corazón inquieto.


El apaciguamiento de las cosas
Todo está en calma.
Doy una última mirada al cuarto:
si muriera esta noche
mínimas serían las dificultades que siguieran.
No hay nadie ya despierto
y he concluido la última anotación
de lo que haré mañana.
Todo está encarpetado,
no hay ningún ángulo que sobresalga.
Casi no hay objetos redondos.
Los piolines en su sitio
y los suicidas sonriendo tras los vidrios.
Este poema es lo único que da
la clave de la madeja:
"Los monstruos, bien peinados, por dentro".
Emma Barrandeguy

Anotación


Tiempo para madurar
con las lágrimas.
Tiempo para la violencia
desde el cielo.
Tiempo para la traición
de cada día.
Tiempo para la búsqueda
que no cesa.
Tiempo para morir
apretando los ojos.
Destiempo, ¡ay! para quererte.
Siempre, sucederá.




Habitual complacencia

Nada más que para darte la mano.
Nada más
que para reunir nuestras cabezas,
a menudo cansadas,
o nuestros ojos, eso sí, insaciables.
Nada más que para contarte la infancia.
Nada más que para ver los juegos de las palabras
y tocarte la cara.
Para eso levanté mi cariño.
Pero teníamos otras manos que se tendían,
tenías otros hombros más seguros,
teníamos en donde prender
nuestra aún tímida admiración adolescente
sin que nos conformara nunca la respuesta.
Y yo no tengo para ti
lo que pudiera hacerme apetecible.
Así, sin prometerte nada,
por no temer al Tiempo
o la mentira
puedo hoy complacerme
en exhibir ante ti esta otra ruina,
como todas
sin gracia y sin ventura.

Carambola
¡Ay difícil ternura!
¡Ay la mano que pongo entre las tuyas
sin más respuesta que tu piel presente!
Ay tú en el mismo rastro, desvelado,
sordo para mi voz,
vigía de otro hombro
donde arraigar quisieras tus fatiga.
¿Ay la sed hasta cuándo?
¿Por qué buscarte?
¿Para qué encontrarte?
¡Qué inútil hacer noche
junto a tu corazón que no me aguarda!