El Diario de Gualeguay
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Miércoles, 22 de marzo de 2017
NOTAS LOCALES
18 de Marzo - Día Nacional de los Monumentos
lunes, 20 de marzo de 2017
“Lo más importante es concientizar acerca del patrimonio en la vida de un pueblo”
El patrimonio cultural de Argentina es tan variado como su patrimonio natural. Desde los primeros testimonios de los habitantes originarios, hasta las construcciones de la segunda mitad del siglo XXI, muestran riqueza en todas las regiones del país: casas, corrales, diques, usinas, puentes, fábricas, palacios, teatros y estancias sirvieron para funciones colectivas e individuales, públicas y privadas. La iniciativa busca dar a conocer el patrimonio e incentivar su preservación para el fortalecimiento de la memoria y la identidad cultural de los argentinos.
El 18 de marzo se ha conmemorado el Dia Nacional de los Monumentos y esto nos lleva a hacernos dos preguntas: ¿Qué importancia tiene el Patrimonio Cultural en nuestras vidas que merece tener un dia de celebración y cual es la finalidad de dicha celebración?

Cuando se habla de patrimonio, ya sea tangible o intangible, es decir sus monumentos arquitectónicos o todo lo referente a la cultura de un pueblo (sus comidas tradicionales, su literatura y hasta sus tradiciones orales), fundamentalmente se está hablando de identidad y pertenencia. El Patrimonio es la expresión directa no sólo de su cultura, sino de los acontecimientos políticos y culturales que definieron precisamente esa cultura.

Alrededor de los años 50 o 60 comenzaron a hacerse ciudades nuevas (Brasilia; New Towns inglesas, Can Cun) con el concepto que al ser nuevas y diseñadas en todos sus aspectos se iba a dar solucion a problemas urbanos existentes en las ciudades antiguas. Todas fracasaron, faltaban sus habitantes, nadie pertenecía a ellas, ni nadie se identificaba con ellas.

Frecuentemente y quizás por una información incompleta cuando se habla de patrimonio se hace referencia al patrimonio arquitectónico y, si bien es el más visible, también hay que darle su lugar al patrimonio intangible, como ser la comida y las tradiciones que precisamente es el patrimonio que los pueblos pueden llevar consigo en caso de migraciones o traslados, y es el que hace que los pueblos puedan sobrevivir fuera de su tierra natal.

El patrimonio arquitectónico es una consecuencia directa de la situación política y económica de un país, de una ciudad y del mundo. A fines del siglo XIX y principios del XX los adelantos tecnológicos hacen que el campo viva uno de los momentos más brillantes de su historia. La gran diferencia la hace el primer barco térmico: el L’Frigorific, francés, de 1901, que permitió trasladar carnes enfriadas. Hasta ese momento la Argentina sólo había conseguido comercializar tasajo con un mercado muy limitado, especialmente Cuba. Ahora el mundo se abría a nuestras carnes, y éste, en ese momento, era un país casi exclusivamente ganadero. Así fue que el pais vivio un momento de excelencia que quedo plasmado en su edificios.

Gualeguay, una ciudad que dependía y depende exclusivamente del campo no es ajeno a este movimiento ayudado por contar con un puerto que en ese momento llegó a ser el segundo en actividad en el país, se expresa a través de sus edificios públicos y privados. El movimiento económico hace que se necesiten o amplíen dependencias como los Tribunales que se construyen en 1908, las sociedades de inmigrantes tratan de nuclear a sus compatriotas y es así que la Sociedad Italiana construye el Teatro Italia en 1902, el Club Social, que había sido fundado en 1904, hace su edificio propio en 1908, la Policía, completando la plaza, hace su jefatura, el Arq. Buschiazzo finaliza el Hospital en 1920, en 1907 se construye la Escuela Normal Ernesto Bavio, en 1909 el Banco Nación y muchas obras más que sería muy largo enumerar.

Las obras privadas también comienzan a dar respuesta a esta situación de bonanza. Fueron muchas las que se construyeron en este período, pero quiero destacar una que por su gran valor arquitectonico se ha convertido en un ícono para la ciudad, “La Casa de las Rejas”, de 1913 y el Hotel Ferreccio, de 1910.
De lo expuesto se desprende que en esos veinte años que correspondieron a una época de abundancia se construyeron prácticamente todos los edificios que le dan identidad a Gualeguay.

Nos queda responder a una pregunta: ¿Cuál es la finalidad de esta celebración? Lo más importante es la difusión, concientizar a los ciudadanos de los valores y, sobre todo del significado de esos edificios en sus vidas. No se trata de conservar edificios viejos, sino que estos edificios son parte de la historia personal de sus habitantes. Es por esto que cuando se habla de patrimonio arquitectónico, no sólo se habla de edificios aislados, sino de lugares, esquinas, plazas, cruces de calle. Cada uno nos recuerda fragmentos de nuestra historia que conforman nuestra identidad.
Europa hace muchos años que comprendió este concepto y es por esto que los que han venido a nuestra tierra tratan de reproducir, lejos de su lugar de nacimiento, sus edificios o lugares que le dan identidad y así vemos que cuando nuestros compatriotas han tenido que emigrar siempre han llevado consigo las empanadas y el asado al menos.