El Diario de Gualeguay
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Viernes, 24 de noviembre de 2017
COLUMNAS • MÑOR. J. LOZANO
domingo, 24 de septiembre de 2017
Sueños de libertad
Todos queremos ser libres, claro. Y por eso rechazamos toda forma de esclavitud. Duele mucho reconocer que todavía hay lugares en el mundo donde las personas son vendidas como mercancía y sometidas brutalmente a distintas formas de trabajos forzados o explotación sexual.
La trata de personas es uno de los delitos más aberrantes que claman al cielo. Ayer, sábado 23 de septiembre, se conmemoró el “Día internacional contra la explotación sexual y el tráfico de mujeres, niñas y niños”. Es un clamor que brota de la injusticia, el atropello, las consecuencias devastadoras en las víctimas y sus familias. Abramos la mente y el corazón y ofrezcamos nuestra oración.

Francisco decía: “Deseo reclamar el esfuerzo de todos para que esta plaga aberrante, forma de esclavitud moderna, sea adecuadamente combatida. Esto es feo, es cruel, es criminal”. (31 de julio 2017)

Pero también hay otras formas de esclavitud, como la dependencia química de una sustancia (la droga, el alcohol), del juego de azar (la ludopatía), la pornografía…
Varias de ellas son nuevas y otras más antiguas. Todas son como cadenas que nos oprimen, nos atan más allá de la voluntad y pisotean la dignidad humana.
En el Himno Nacional cantamos “Oíd el ruido de rotas cadenas… ¡Libertad!”. Este grito por la Patria también es anhelo de cada corazón, cada familia, cada barrio.

Hoy, 24 de septiembre, celebramos la fiesta de la Virgen María como Nuestra Señora de la Merced. En la oración de la misa rezamos “Padre misericordioso, que otorgaste la redención a los hombres por medio de tu Hijo, concede a cuantos invocamos a tu Madre con el título de la Merced, mantenernos en la verdadera libertad de hijos, que Jesucristo nos mereció con su sacrificio, y ofrecerla incansablemente a todos los hombres”.
En las representaciones más antiguas de esta advocación de la Virgen se la pinta con cadenas y grilletas abiertas en las manos y con algunos esclavos liberados junto a sus pies.

Su devoción encuentra el origen con la Orden de la Merced (de los padres mercedarios) fundada por San Pedro Nolasco en 1218 en Barcelona. Por aquellos años los árabes dominaban en España y muchos cristianos eran sometidos a esclavitud a causa de la fe. Esta orden religiosa se comprometía en su liberación, y durante ese tiempo lograron liberar a cerca de cien mil cristianos.
En el castellano que se hablaba en el siglo XIII la palabra “merced” refería a lo que hoy decimos como “misericordia”.
Los misioneros que vinieron a América trajeron esta advocación. El General Manuel Belgrano le tenía gran cariño y devoción, y a ella se encomendó antes de la batalla de Tucumán, y reconoció su victoria a la ayuda de la Virgen María. Por eso le ofrendó el bastón de mando y la nombró Generala del Ejército.

Volvamos la mirada a nuestras luchas y esclavitudes de hoy. ¡Cómo necesitamos de la Virgen María! ¡Cómo necesitamos reconocernos como hermanos y cobijarnos bajo su manto!

Al escribir este artículo entré en Internet y recé con varias representaciones de su imagen, especialmente algunos con los cautivos liberados a sus pies. Después de contemplarlas un rato, cerré los ojos e imaginé muchos rostros, historias concretas que necesitan experimentar liberación.
Vos y yo podemos hacer algo.

El martes 19 un terremoto sacudió la ciudad de México y otras cercanas provocando cientos de muertos, heridos y desaparecidos. Aún hoy siguen las búsquedas de personas que puedan estar sobreviviendo tapadas por los escombros. Rezamos por México y todos los afectados por esta tragedia.


Desde el miércoles 20 y hasta el viernes 22 de esta semana se celebró el Rosh Hashaná, Año Nuevo Judío. ¡Shaná Tová (prosperidad), queridos hermanos! Sigamos viviendo en fraternidad.