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Viernes, 24 de noviembre de 2017
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viernes, 10 de noviembre de 2017
Control biológico de plagas: La Vaquita de San Antonio Vs Pulgones
Desde hace muchos años hemos visto como nuestras plantas se llenan de pulgones, eso es debido a que condiciones adversas en la vida las debilitan y quedan propensas al ataque de los mismos. Por ejemplo los rosales son plantas que tienden a ser atacados por pulgones cuando tenemos temporadas de sequias o falta de riego periódico.
Normalmente acuden al negocio preguntando como se pueden controlar a los pulgones. Obvio que existen productos químicos que con dos o tres aplicaciones dejamos a las plantas libres de dicho mal, pero lo que hay que hacer es preguntar por qué las plantas tienen pulgones.
El uso de insecticidas es recomendable cuando el ataque es muy fuerte. Pero siempre es mejor prevenir que curar.
En la prevención tenemos que tener en cuenta lo que comenté unas líneas mas arriba. Buen riego y no abusar con fertilizaciones nitrogenadas.
Buen riego significa poco y periódico y no mucho y esporádico. Y el uso de nitrógeno o urea se aplica solamente a principios de septiembre y nunca más hasta el año siguiente.

Una planta bien alimentada con lo que necesita, es una planta que no se va a enfermar o si lo hace, va a ser sin consecuencias fatales.
Como estamos hablando sobre los pulgones, voy a hacer referencia a ellos así los conocemos mas.

Los pulgones son insectos pertenecientes a la familia Aphidae que suelen tener entre 1 y 4 mm de longitud, de ahí que se los denomina “áfidos”. Pueden ser verdes, amarillos o negros. Son insectos que se reproducen con mucha facilidad atacando prácticamente todas las plantas menos aquellas que contienen aceites esenciales que los repelen. Son insectos chupadores, poseen un largo pico articulado, que lo clavan en las partes tiernas de las plantas y con el que chupan los jugos vegetales o savia. Los hay ápteros (sin alas) y con alas, cuando las tienen poseen 4 donde el primer par es mayor al segundo, son transparentes y membranosas. Si los observamos con una lupa, veremos que en la parte terminal del abdomen llevan como dos cuernecillos que en realidad son dos tubitos excretores de cera o melaza (líquido azucarado) llamados sifones.

Los pulgones atacan fundamentalmente rosales, hibiscos, fucsias, adelfas y tulipanes. Son responsables de elaborar una especie de melaza que convierte la planta afectada en algo pegajoso. Las hormigas, especialmente las hormigas negras de jardín, son las responsables de criar estos pulgones y alimentarse de ellos succionando sus secreciones liquidas con un contenido muy alto en azucares con el cual pueden alimentarse. Además, en este líquido pegajoso se desarrolla la fumagina, hongo que se alimenta de la planta y la debilita y, al cubrir las zonas verdes, impide que la planta realice la función clorofílica con normalidad.
Por suerte la naturaleza es sabia y por cada insecto en la cadena hay un predador que controla que no se terminen haciendo plaga.
En el caso del pulgón, el insecto que lo controla es la famosa y bien querida por todos los niños y maestras jardineras, la Vaquita de San Antonio.
Como ahora hablaremos de ellas, paso primero a presentarla.

Las Vaquitas pertenecen a la familia Coccinellidae. Se trata de un grupo muy numeroso de especies, que se conocen comúnmente con el nombre de "vaquitas" o "mariquitas" y se distribuyen en todo tipo de plantas, donde se alimentan principalmente de pulgones y ácaros, tanto en su período larval como en su estado adulto.
Se diferencian entre sí por su tamaño, el color, las manchas y puntuaciones que les son características. Transcurre el invierno como adultos refugiados bajo la corteza y en primavera continúan su ciclo sobre colonias de pulgones en desarrollo.

Muchas especies viven de pulgones, otras de cochinillas y el resto de arañuelas o de hongos. También hay unas pocas que son perjudiciales, porque se alimentan de las hojas de las plantas (la famosa vaquita del olmo, que les deja las hojas como si las hubieran recortado todas dejando solamente las nervaduras).
Las larvas y también los adultos son muy voraces. Se calcula que en todo un ciclo de vida pueden consumir unos 4.000 pulgones y son capaces de doblegar la plaga a tiempo si se ha producido. Si algunos años pareciera que las colonias de pulgones aumentan sin control, la razón debe buscarse en condiciones climáticas desfavorables o a la baja población de pulgones que le sirvan de alimento en momentos clave de su desarrollo, lo que las diezma notoriamente. No se debe despreciar tampoco la incidencia de las hormigas, que mantienen alejadas a las vaquitas en la defensa de las colonias de pulgones.
Debido a la extraordinaria capacidad de reproducción de los pulgones, se producen entonces sobrepoblaciones de éstos, lo que se ve favorecido cuando las plantas son alimentadas con fertilizantes nitrogenados, de modo que las vaquitas se ven sobrepasadas en su capacidad de control.
El nivel comparativo de poblaciones del predador y sus presas siempre obedece a ritmos cíclicos. Cuando la plaga aumenta en grandes dimensiones, las vaquitas adultas comen más, viven mayor tiempo y ponen más huevos, lo que hace aumentar la población de ellas. Por el contrario, una disminución de alimento reduce la cantidad de predadores y se repite el ciclo citado.
Ante la falta de presas, muchos adultos sobreviven (pero no se reproducen) ingiriendo néctar, polen y secreciones de otros insectos.
Como dato curioso se debe mencionar que, cuando se las molesta, las vaquitas se dejan caer y por largos minutos simulan estar muertas o secretan un fluido tóxico, que aparentemente cumple funciones defensivas pues los mismos pájaros no comerán más de una.

Como pudimos ver, nuestros jardines son el campo de batalla de varios insectos, pero nosotros tenemos que entender que siempre tiene que haber un equilibrio, no tenemos que romper esos ciclos porque las consecuencias son bastante negativas.

Si nuestros rosales tienen pulgones, busquemos una vaquita y pongámosla en la planta. Recuerden que una sola vaquita se come 4000 pulgones.
Y si nosotros abusamos de los productos químicos, nos quedamos sin el pulgón y sin la vaquita.
¿Quién no se puso una vaquita en el dedo alguna vez?, ojo, no perdamos nuestra infancia, heredémosela nuestros hijos.
Les dejo algunas fotos para que vean de lo que hablamos. Buena semana para todos.


Diego Berardi
Especialista en Planificación del Paisaje