El Diario de Gualeguay
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Jueves, 14 de diciembre de 2017
SUPLEMENTOS • GUALEYOS
2ª parte
sábado, 02 de diciembre de 2017
Pablo Francisco Duvillard: “Carrera- desafío por la Ruta de la Muerte, en Bolivia”
Ya presentada la carrera desafío YLC, hoy comenzamos a compartir esta gran experiencia junto a Pablo Francisco Duvillard, observando el camino, los caminos estrechos, los precipicios, nervioso, pero dispuesto.
Respiremos hondo y prestemos atención porque no nos podemos distraer ni un momento porque ya salimos de La Paz rumbo a Coroico.
El viernes por la mañana me invitaron a jugar golf y disfruté mucho. Caminamos los dieciocho hoyos con unos paisajes impresionantes; apretaba el paso o corría y todo bien, distraído con el juego, la cancha, las vistas, ver volar la pelota y las buenas charlas entre los presentes.

El viernes, a las tres de la tarde, llega la hora de la verdad al subir al bus. Fue cuando los que esperábamos el bus bajo la lluvia empezamos a conversar y selló una amistad con unos uruguayos, colombianos, compatriotas argentinos, santacruceños, de Cochabamba, Tarija, más los bolivianos que vivían en el extranjero y habían venido para competir. El bus nos trasladaría desde La Paz a Coroico.

Una vez que sales de La Paz en unos 50 minutos llegas a La Cumbre (4.657 msnm) y desde el bus sacamos fotos del lugar donde el domingo estaría nuestra meta. Empezamos el descenso hacia Coroico. Tengo en mente la ruta que se veía con las pendientes y sus curvas infinitas. El bus paró en un pueblito-aldea llamado Pongo a 3.800 msnm para registrarse en el puesto de policía y aprovechamos para estirar las piernas. Estaba nublado, quizá neblina; la ruta, mojada como que caía agua nieve y me costaba caminar. Por ahí debería pasar, seguiría subiendo por menos de 16 km y luego subir unos 800 metros más.

Coroico es un pueblo muy pintoresco con unas vistas a un valle y a montañas verdes al frente, espectaculares. La catedral del pueblo se llama San Pedro y San Pablo de Coroico y dentro estaba la Patrona, La Virgen de la Candelaria de Coroico, donde recé por todos, para que nos protegiera y nos diera buen tiempo en el camino. Un pueblo muy animado con atracciones para todos. Había dos cosas planas en el pueblo: la plaza de 70 metros por 70 metros y la cancha de fútbol del club local; después senderos o escaleras en vez de calles.

El sábado me despierto ansioso por ver cómo me sentía antes del desafío, salí a dar un paseo de unas 2 horas en la bici por un camino de ripio llamado la Ruta de las Cascadas. Tomé fotos y probando la bici me sentí bien, pero no llegué a exigirme.

A las 2 pm puntual salen las primeras categorías y sucesivas. La primera subida bien, muchos se caían de la bici, otros se bajaban y caminaban la subida. Subí descalado por si no tenía maniobra para subir; eso me costó más de lo normal, pero llegamos arriba y empezó un camino de tierra en ascenso muy divertido. Lo terminé bien tranquilo, apreté en la última subida que era tierra colorada un poco mojada. La rueda patinaba, pero todo iba muy bien. Cuando miro las pulsaciones, lastimosamente, comprendo que si eso se repetía al otro día, en las bajadas no se recuperarían los pulsos. Se me cruzó por la mente que no llegaría.

Lavo la bici, arreglo algo en la misma, además de lubricarla. Si la organización tenía previsto un servicio de lavado, preferí relajarme haciéndolo yo mismo.
Tenía un poco de malestar al respirar, un resfrío suave. Subí a Coroico por tercera vez por las escaleras y me agitaba; no conseguí lo que buscaba, regresé al hotel, me perdí la charla técnica, cené y antes de dormir subí de nuevo a la plaza de Coroico para hacer la digestión y ahí hubo un cambio: me sentí bien, lo que me permitió dormir pensando que ya había hecho el cambio de aire y que la meta sería algo más fácil.
(continuará)