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martes, 05 de diciembre de 2017
Parejas maduras vs parejas infantiles, ¿cómo es la tuya?
El sexólogo Walter Ghedin separa, en esta nota, la madurez real -relacionada con la flexibilidad, el diálogo y la creatividad- de lo que en general se considera socialmente aceptado, pero que a veces esconde un trasfondo de inmadura rigidez vincular.
Parejas maduras vs parejas infantiles, ¿cómo es la tuya?
Son signos de madurez la comunicación franca, la flexibilidad para aceptar la historia y los tiempos del otro.

ez es un concepto situado en lo social como un valor y deseado como criterio en la elección de la pareja. Son signos de madurez la comunicación franca, la flexibilidad para aceptar la historia y los tiempos del otro; el acordar cuando existen diferencias, aún las más difíciles de superar; la plasticidad para no entrar en la rutina sexual y proponer variantes; el sentido del humor; hacer uso de las capacidades de cada uno para afrontar las crisis y no quedarse en el intento o en la angustia.

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Madurez por lo tanto es respeto mutuo y flexibilidad adaptativa. Sin embargo, muchas parejas creen que la madurez es solo cumplir con las normas que la sociedad espera de ellas: trabajo, complementariedad entre las partes, construcción de un hogar y de una familia, adaptarse en forma rígida y repetitiva a la cotidianeidad y la rutina. Estas parejas que se suben al podio de la “madurez” harán gala de la corrección y la obediencia a los estatutos sociales dejando de lado los propios cuestionamientos y el deseo de que algo cambie en sus vidas. Si bien los movimientos en las estructuras de género están dando paso a un pensamiento crítico, o por lo menos a replanteos de los roles de género, todavía hay mucho por recorrer.

Parejas maduras vs parejas infantiles, ¿cómo es la tuya?
Este concepto de que la pareja “debe complementarse” lleva al equívoco de pensar que la esencia es la falta que el otro completa.

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La idea de que la pareja es complementaria ha dominado el imaginario de los amantes que se unen para acompañarse en “la salud y en la enfermedad”. Este concepto de que la pareja “debe complementarse” lleva al equívoco de pensar que la esencia es la falta que el otro completa. En realidad no existe ninguna falta, ni el vínculo amoroso ni el amor completa ninguna falta. En todo caso son dos personas diferentes, cada una con su forma de ser, con una historia personal, que desean unirse, siendo esta unión dinámica y pasible de ser modificada.

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Si creemos que la madurez es haber encontrado la “media naranja” estaremos aceptando una falta que la otra mitad completa. Una pareja madura es par, defiende la igualdad; la paridad es la regla que sostiene el vínculo. Y esta paridad no debe ser confundida con la distribución de roles y de actividades para encarar el noviazgo o la convivencia. Por lo tanto, en una pareja “madura” cada uno se nutre de sí mismo y del otro. Cuando uno de los miembros, o los dos, posterga, anula o reprime sus deseos personales para cumplir con las demandas del otro, esta omisión tarde o temprano traerá sus consecuencias. Además, hoy en día, las personas tienen más en claro cuáles son sus deseos, por lo tanto, si la opción es demorarlos por otras metas, querrán retomarlos en algún momento. A la hora de elegir, las demandas sociales siguen jugando un papel muy importante sobre las personas, sobre las mujeres aún más. Decidir no ser madres o postergar la maternidad, defender sus derechos, los espacios y filosofía de vida, son temas que muchas veces no se comprenden desde la supuesta “mentalidad madura” como estamento de corrección social.

Las parejas maduras se identifican por:

* Comunicación abierta y sincera.

* Apertura y respeto hacia el mundo del otro.

* La esencia de la pareja es la simetría, es decir, la paridad.

* Acuerdo democrático para repartir actividades y la economía del vínculo.

* No aceptar el control, reclamos, demandas y mucho menos situaciones de violencia.

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* Acordar o respetar los desacuerdos.

* Romper con la rutina en general y la sexual.

* Dejar espacios para la intimidad.

Asumir las responsabilidades sin hacer cargo al otro de las mismas.

* Mantener y defender el sentido del humor.

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Parejas inmaduras

Así como la idea errónea de “la madurez” remite a que la pareja, por el hecho de serlo, debe asumir responsabilidades a costa de cualquier adversidad; la inmadurez como imagen social evoca a jóvenes que no quieren tomar ningún compromiso apostando al “laissez faire”. En todo caso serían parejas que se alejan del molde cultural y construyen su propio estilo de funcionamiento. La inmadurez es otra cosa. Muchas parejas se aman pero no saben cómo traducir el amor en acciones sostenidas en el tiempo. Las emociones y los sentimientos tiñen el vínculo y por ende no dejan que los pensamientos se organicen tratando de orientarlos por un camino más saludable. La inmadurez no es falta de racionalidad, es considerar (en forma consciente o inconsciente) que el otro debe completar una falta siempre existente y nunca saciada. El resultado de este estado de insatisfacción es la demanda, la dependencia, la posesión y el control sobre la vida del otro. Los vínculos inmaduros pierden la esencia de paridad, convirtiéndose en desiguales. Este tipo de relación lleva a depender del otro y a exigir que el otro siempre esté, incluso bajo presión o amenaza. También observamos la dinámica contrario: uno de ellos, o los dos, son muy independientes y nadie quiere ceder nada con el fin de tener algún proyecto en común. Tanto por necesitar del otro como por defender lo propio, el vínculo no encuentra la forma de lograr cierta armonía.

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Muchas parejas se aman pero no saben cómo traducir el amor en acciones sostenidas en el tiempo.

Las parejas inmaduras se identifican por:

* La comunicación se vuelve escasa, limitada a las situaciones de crisis.

* Disociación entre el afecto y los comportamientos. Se ama pero no se puede expresar en conductas de unión.

* Se le pide al otro más de lo que está dispuesto a dar.

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* Las emociones superan cualquier intento de racionalidad o de control sobre las mismas.

* Los celos, la necesidad de saber y de controlar, hacen daño a la confianza y mantiene al vínculo en estado de “alerta”.

* Están aquellos que pretenden estar en pareja pero no asumen el más mínimo compromiso.

* Los desacuerdos siempre provocan crisis.

* Se dejan de lado amistades o proyectos personales porque el otro lo pide, o la parte cuestionada cede por temor a perderlo.

* Uso del sexo para dirimir crisis que no se pueden solucionar de otra manera.

* Se niegan los conflictos en pos de seguir estando juntos.