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Jueves, 13 de diciembre de 2018
COLUMNAS • MÑOR. J. LOZANO
sábado, 13 de enero de 2018
Francisco, Chile y Perú te esperan
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
Dentro de pocos días el Papa Francisco estará de visita pastoral en Chile y Perú. En cada país la agenda y los mensajes tienen características particulares, como las tuvo en Colombia y en los otros países.

La visita del Papa es realizada en cuanto que es el sucesor del Apóstol Pedro y va a alentar a la Iglesia en la fe y la misión. Siempre suscita expectativas en los agentes pastorales, los catequistas, los diáconos, los sacerdotes y obispos, los movimientos apostólicos, las comunidades cristianas.

Pero no podemos desconocer las incidencias sociales y políticas de su presencia. Sus mensajes tienen un fuerte contenido evangélico y, justamente por eso, también profético que obliga al contraste con la cultura, la política, la economía… todo lo que tiene relación con la persona y puede hacerle feliz o pisotear su dignidad.

¿Cuáles serán sus acentos en la visita a Chile? ¿Cuáles en Perú? Es difícil decirlo con certeza. Pero podemos hacer el esfuerzo de imaginar e intuir algo de sus luces buscando iluminar espacios de sombras.

Chile tiene muy baja tasa de natalidad; es un país que envejece. ¿Qué mensaje habrá para los jóvenes? Seguramente los aliente a soñar con un mundo nuevo, ser protagonistas, cuidarse del vacío existencial y de los paraísos artificiales de la droga y el consumismo.

En Perú respecto de los jóvenes también hay preocupación por las fuentes de trabajo, los horizontes a veces inciertos para formar familia o elaborar proyectos de vida previsibles.

No es posible hoy desviar la mirada acerca de los pueblos originarios, con una implicancia muy particular en el país vecino. Los caminos que han transitado los países de América Latina han sido muy diversos y obedecieron a desafíos históricos propios. ¿Cuál será el mensaje de Francisco? ¿Qué resultará del encuentro previsto con algunos referentes mapuches?

El lema de la visita en Chile es muy importante: “Mi paz les doy”. Está tomado de las palabras de Jesús a los discípulos durante la última Cena. La cita completa del Evangelio dice: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman!”. (Jn. 14, 27) Un mensaje de esperanza y consuelo.

En Perú el lema será “Unidos por la esperanza”, una propuesta que se afianza en la necesidad de comunión y en el horizonte a futuro, en un sentido cronológico y escatológico.

La exigencia que hoy tiene la Iglesia es la coherencia, también en América Latina. Francisco ha insistido --¿podemos esperar algo distinto?-- en la necesidad de la austeridad en el estilo de vida de los pastores, la cercanía con los pobres, los enfermos, los presos… En ambos países los pobres seguramente esperan mucho del Papa: que los visibilice, los abrace, les dé protagonismo. No son “sobrantes” o “descartables”. Un gran Santo Jesuita chileno San Alberto Hurtado --a quien el Papa conoce bien-- ha marcado un camino posible de recorrer en el servicio solidario concreto. En el mismo sendero podemos ubicar a Santo Toribio de Mogrovejo, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. La evangelización siempre debe estar unida a la promoción humana y el servicio a los pobres.

En fin. Todo está preparado con prolijidad y cariño. Con apertura del corazón y la mente. El mensajero de la paz y la justicia llegará en pocos días. Sus enseñanzas también resonarán como un eco en la Argentina y en todo el Continente.

El Señor me ha regalado hace unos años tener amigos en Chile y Perú. Las expectativas que tienen son intensas. Si Dios quiere podré acompañar algunas celebraciones en Santiago de Chile. Desde allí intentaré compartir algunos relatos por el Facebook o en algún otro espacio.

Aprovechá el tiempo de descanso para seguir estas visitas por TV o Internet, y dejarte iluminar por las homilías y mensajes.

Mañana, 15 de enero, se cumple un nuevo aniversario del Terremoto en San Juan de 1944. Recemos por quienes murieron y por quienes cargan cicatrices en el cuerpo y en el alma. Hace unos días estuve conversando con una Señora que en aquel tiempo tenía 11 años de edad, y estaba con su familia cerca de la ciudad de San Juan. Me sorprendió en su relato cómo conserva detalles de esa noche: el suelo, los animales, los árboles, su familia, sus vecinos. Cuidemos esa memoria del dolor atravesado con nuestro respetuoso recuerdo.