El Diario de Gualeguay
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Domingo, 21 de octubre de 2018
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 11 de febrero de 2018
Salud Mental en Argentina
La demanda de atención que llega al sistema de salud, está afectada por un continuo deambular por distintos servicios y profesionales, caracterizados por dispositivos expulsivos y restrictivos (Dr. Angelini).
En muchos casos se los clasifica y medica como abordaje privilegiado, apuntando a la disminución o desaparición de lo sintomático, sin atender las causas que lo ocasionaron. También el modelo hospitalocéntrico muestra su fracaso en los hospitales generales, cuando observamos las colas y listas de espera para acceder a una atención en salud mental, lo que se traduce en una desatención y vulneración del derecho a la salud. Esto es particularmente grave dado que la población que requiere de estos servicios pertenecen a los sectores populares, los que la mayoría de las veces tienen otros derechos humanos vulnerados o incumplidos. Esta desatención aumenta su situación de vulnerabilidad socioeconómica y psicosocial. De alguna manera, esto se convierte en iatrogénico, fabricando más locura y aislamiento. El grupo socio afectivo de pertenencia del paciente queda por fuera del diagnóstico y tratamiento. Tampoco se integra a las diferentes disciplinas y sectores en el abordaje y tratamiento del problema que afecta a la salud del usuario.

La política en salud mental se centra en la enfermedad y no en la construcción de salud. El mercado de los laboratorios invade la institución sanitaria.

Las prácticas institucionales están fuertemente dominadas por el Modelo Profesional Hegemónico, que expresa la exclusión de lo social de la problemática salud enfermedad y la apropiación médica de los espacios de decisión. Desde una perspectiva biomédica, el tratamiento de la enfermedad es considerado como patrimonio exclusivo del saber médico, instituyendo su hegemonía respecto de los otros saberes que operan en el espacio de los padecimientos. Los espacios de escucha son progresivamente reemplazados por la medicación, capturando por esta vía el trabajo vivo.


Por ello, incluir la Salud Mental dentro de la agenda pública de Salud, fue y es una ardua tarea llevada adelante por cientos de trabajadores de la Salud Mental en todo el país, durante muchísimos años. En el caso de Argentina, alcanzó el punto más alto de concreción con la sanción de la Ley 26657, de Salud Mental y Adicciones, que es un instrumento que consolida el cambio de paradigma, reconociendo a las personas con algún padecimiento mental como sujetos de derecho, en congruencia con toda la normativa internacional de derechos humanos aplicados a la materia. Pero no alcanza con la ley solamente. Al trabajo realizado desde el Estado para hacer efectivas las acciones que conllevan a su cumplimiento, es necesario seguir desplegando con creatividad, instancias de capacitación, intercambio, asistencia técnica, e investigación, que posibiliten multiplicar dispositivos e iniciativas que consoliden su filosofía.

En lo que hace a la formación profesional de las profesiones del campo de la salud mental, en especial psicología y medicina, tiene una carencia formativa en los lo que hace a esta temática. Dicha carencia está marcada o por la ausencia total o por su escaso desarrollo o dispersión que hace difícil una adecuada conceptualización sobre los acuciantes problemas en salud mental. Por otra parte, los cambios legislativos que se han dado en los últimos 9 años, con una serie de normativas con una impronta de reconocimiento de derechos especiales para minorías o grupos vulnerables, dentro de las cuales se encuentran las que reconocen derechos de las personas con discapacidad mental, marcan una nueva conceptualización sobre subjetividad y derechos humanos que no ha sido sistemáticamente incorporado a los planes de estudio. Sí se observan esfuerzos de esa adecuación por parte de algunas asignaturas, pero son esfuerzos individuales, no institucionales.

No podemos soslayar que la forma de abordar esta problemática se basa en la inclusión social plena, con los mecanismos, programas y dispositivos adecuados a las necesidades de estas personas. Lo demás no sólo es ilegal, sino inhumano.