El Diario de Gualeguay
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Domingo, 23 de septiembre de 2018
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 08 de julio de 2018
El desarrollo del sujeto y la influencia de la tecnologia
El buen desarrollo del niño depende de la capacidad de identificación empática del cuidador con su bebé, de ponerse en su lugar, “como si” estuviese en su interior pero de forma parcial y transitoria para no confundirse con él.
El bebé necesita verse y reconocerse a través de la actitud y de la mirada empática del otro que le cuida sin confundirse permanentemente con él . Lo que reciba del ambiente junto a sus factores constitucionales le irá permitiendo desarrollar la capacidad de resiliencia que necesita para su adecuado desarrollo.
Hasta aquí vemos la gran importancia del primer año de vida en la constitución del psiquismo. El destete es muy importante porque supone, esencialmente, la capacidad de poder desprenderse de las cosas habituales y familiares para poder volcarse hacia lo nuevo y lo desconocido.

Como entre los seis y ocho meses aproximadamente, sucede un hecho importante en la constitución del psiquismo y es la desaparición de la sonrisa automática, indicador de que el niño ya diferencia entre personas conocidas y desconocidas. La respuesta por la sonrisa a la sonrisa del adulto es la primera respuesta dirigida e intencional.

Es el momento en que el lactante reacciona con temor ante la vista de una persona “extraña”, se aparta, grita, llora y forcejea visiblemente angustiado. Pero no se trata siquiera de un desconocido, el “extraño” puede ser una abuela, una tía, etc. Se trata de que ahora su madre es distinguida entre todas las otras personas de su alrededor, y que ocupa en el universo del bebé un lugar único. Señala un proceso en el desarrollo afectivo y social del niño. En realidad la angustia es por la ausencia de la madre que se evidencia en presencia de otro que no es ella. Siente la falta de ese sostén que le da seguridad. Aun no está preparado para estar solo.
Los primeros objetos que sirven al niño para desprenderse de la madre e iniciar su independencia y autonomía son lo que Winnicott llamó “objetos transicionales”, refiriéndose con ellos a alguna prenda como la sabanita, la almohada,…

Le permitirán prescindir de la presencia de la madre y resolver, en parte, sus propias tensiones. Para el niño pequeño la ausencia es su inexistencia, su muerte, que solo es superada por el símbolo de su presencia.

¿Y si este objeto transicional es sustituido por una sobre estimulación visual y auditiva? ¿Un aparato que no está cargado afectivamente y con el que no puede establecer un contacto sensorial?

Superar esta angustia de muerte, supone, como decíamos antes, el acceso al significante, a la palabra y al concepto, que evoca el significado y asegura su permanencia, dando acceso al simbolismo del lenguaje.
La intolerancia al vacío, la ausencia, facilita que en la adolescencia, en lugar de buscar su sitio y espacio entre los iguales de una forma real, se refugien en un espacio bidimensional.

La frustración es necesaria pero si es demasiado temprana, cuando aún no ha tenido las suficientes experiencias satisfactorias no podrá defenderse psíquicamente de esa frustración. La no satisfacción inmediata de todas las necesidades le irá permitiendo reconocer sus deseos y expresarlos, crecer consiste en ir perdiendo cosas y ganando otras, y, por eso, es tan bueno mamar como dejar de mamar. Esto último significa separación.

Qué puede ocurrir en este período. La no tolerancia a la separación, quedarse pegado puede suponer en un niño que puede ser muy querido por tranquilo, cariñoso con la madre, que haga crisis el día que le falten los amigos, entonces lo veremos ansioso o aburrido, cuando no en la franca depresión. Facilita la adicción a la tv en la adolescencia, que a veces se nota ya desde niños.
El niño va a tener que comprender el significado del “no” y poder tolerar la frustración, dicho de otra manera, renunciar a un placer inmediato por una gratificación en el futuro.

Entre los 16 y 20 meses, cuando se sitúan los comienzos de la imitación diferida, es decir, la reproducción de los modelos ausentes, que implica la representación, emerge una función nueva, la función simbólica.

Este cambio se manifiesta en la personalidad del niño como crecimiento de la autonomía. El “no” será más frecuente, las prohibiciones repetidas que le causan frustración, desencadenarán sus pulsiones agresivas.

El niño, aunque desde el principio esté familiarizado con su padre, es alrededor del año cuando repara que la relación que mantiene su padre con su madre es una relación muy particular. Esta realidad que empieza a intuir no le gusta del todo, él quiere ser incluido y no perderse ningún privilegio. Por todo esto puede mostrarse celoso y rabioso. Además es capaz de desplegar una serie de recursos que le sirven para mantenerlos separados y exigir ser atendido. Este es un momento importante para que los padres le puedan ayudar a ubicarse en su “lugar de hijo”. Es importante que cada uno ocupe su lugar que los padres sepan y atiendan su relación de pareja, y diferencien lo que compete a cada uno, como padres, en relación al hijo. Porque esto ayuda a estructurar su psiquismo y a que cada uno ocupe su lugar.

Bibliografía:
Esta es una nueva entrega compendiada de un trabajo del Colegio de Psicólogos de Alicante, basado en reflexiones acerca de las nuevas tecnologías y el desarrollo del psiquismo.