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Martes, 11 de diciembre de 2018
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sábado, 04 de agosto de 2018
Áurea “Chichita” Bascoy de Núñez: “Recuerdos de mi viaje a Rusia” (1ª entrega)
De Rusia se ha hablado mucho en el último tiempo debido al Mundial de Fútbol que tuvo lugar en el presente año. Eso despertó en Chichita Bascoy los recuerdos de su estadía en ese país en el año 1983, diferente con respecto a la actualidad. En una interesante y amena nota recorremos lugares y costumbres de la entonces URSS.
“Ahora que Rusia está de moda recuerdo nuestro viaje a la URSS de las cuales Rusia formaba parte en 1983. ¡Qué diferente situación a la de hoy!
En principio nos hicieron las visas en papel aparte del pasaporte para que no tuviéramos problemas si viajábamos a Estados Unidos pues la Guerra Fría estaba en su apogeo.

Nosotras, cincuenta mujeres universitarias argentinas, pertenecientes a la Federación Argentina de Mujeres Universitarias, fuimos a un Congreso Internacional en Groningen, una población holandesa de noventa mil habitantes, ubicada sobre el Mar del Norte. Estuvimos allí, Amsterdam incluida, desde el 1º de agosto, hasta el 13 del mismo mes, y luego, desde al 14 al 2 de septiembre estuvimos en la URSS. Viajamos desde el aeropuerto de Schipoll hasta Moscú en Aeroflot, que era la línea aérea estatal soviética. Todo nuestro viaje estuvo organizado por Intaurist que era la empresa turística del estado soviético. A nosotros nos acompañó una guía que había enviado la Sociedad Argentina de Relaciones Culturales con la URSS en vista de la importancia y el número de la delegación. Cuando llegamos a Moscú, ella enfrentó al personal de la Aduana que quería hacer una revisión mayor de lo establecido de nuestro equipaje.

En 1980 habían sido las Olimpíadas en la URSS y se habían hecho hoteles de cinco estrellas para albergar a las delegaciones. Estados Unidos no concurrió. Nosotros fuimos al “Cosmos” de Moscú, que era uno de esos hoteles. Tenía cinco comedores, y a pesar de tener sólo tres años, se notaba la dejadez en los pequeños detalles; aquello que “lo que es de todos no es de nadie”, estaba presente a cada paso.

En mi estadía en Rusia, rebajé cinco kilos: todo estaba impregnado de un olor a repollo hervido y, a pesar de que la pituitaria no es mi sentido más desarrollado, lo padecí. Nos servían una comida consistente en cuatro o cinco platos, y cuando uno recibía el postre, aún estaban alrededor, sin recoger, todos los platos anteriores. Las bebidas no estaban frías, no se cobraban, y se servía champagne en todas las comidas (tibio).

Las mujeres de la Federación Universitaria rusa nos atendieron muy bien. Nos llevaron en trenes, micros, aviones, a lo largo de ese extenso territorio; nos hicieron conocer koljoses, pesqueros y campesinos, que eran especies de granjas colectivas, y nos destinaron una guía, Alicia, que estuvo con nosotros todo el tiempo.
Cuando llegamos al hotel “Cosmos” en Moscú, nos retiraron los pasaportes y las visas, y nos dieron una tarjeta del hotel para poder trasladarnos por la ciudad; esa era nuestra cédula de identidad en Moscú.

En el hotel había en cada piso una mujer en un escritorio a la que había que entregar la llave de la habitación al salir y nos la daba al volver.
Anduvimos en los famosos subtes de Moscú: tenían 115 estaciones y recorría 195 Km., llegando a los barrios más periféricos. En la construcción del subterráneo se utilizaron materiales preciosos y semipreciosos: mármol, labradorita, etc. Es una importantísima obra que tuvo que resolver grandes problemas hidráulicos porque pasa ocho veces por debajo del río Moscova. Hay ocho líneas, una circular. Hay estaciones decoradas de tal manera que no tienen nada que envidiar a las salas del Palacio de Versalles. En el subte casi toda la gente iba leyendo; la gente en la calle tenía un semblante adusto: la vida era muy dura, había largas colas, no se sabía para qué. Al llegar al final de la cola, podía comprarse un zapallo, zapatos, o algún elemento de primera necesidad.

Los rusos no podían entrar en los hoteles de alto nivel, y en los berioska, que eran negocios dentro del hotel en donde se vendían artículos de lujo, se pagaba en moneda extranjera. Berioska es una planta, y se llamaba también un baile, y esos negocios especiales de los hoteles internacionales.

Moscú era una ciudad con grande avenidas, enormes edificios, muy extendida, y el punto principal era la Plaza Roja, que es el corazón de la ciudad. Para los rusos el vocablo “rojo” quiere decir “bello”. La Plaza Roja tiene su origen cuando el príncipe Iván III, al contraer matrimonio con una princesa bizantina, mandó derribar las construcciones de madera; el terreno despejado se llamó plaza. El nombre de roja la adquirió después de construida la catedral de San Basilio.

La victoria sobre los tártaros significó la incorporación de vastos territorios más allá del Volga. Para festejar este triunfo, Iván el Terrible mandó construir una iglesia llamada “De la Anunciación”, con nueve cúpulas con sus torres encebolladas recubiertas de láminas de oro que recordaban los nueve días de la batalla.

Otro de los edificios de la Plaza Roja era el Mausoleo donde reposaba el cuerpo embalsamado de Lenin: siempre vimos largas colas de gente para visitar el lugar. Otro es el Kremlin, que fue construido entre 1485 y 1495. Tiene forma triangular. Su perímetro es de 2255 m. Esa fortaleza, irregular por un lado, está protegida por el río Moscova. Las estrellas rojas que brillan en las torres del Kremlin en la noche son de cristal de rubí; tuvimos la oportunidad de verlas brillar.”
(continuará)