El Diario de Gualeguay
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Martes, 23 de octubre de 2018
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 07 de octubre de 2018
El ejercicio de la profesión del psicólogo
Hoy concluyo con estas observaciones acerca de nuestra profesión, están tomadas de Documentos y bibliografía de las Universidades de Buenos Aires y Córdoba. Consideraciones éticas: Actualmente contamos con guías de tratamiento, principios derivados de la investigación que guían la buena práctica, basada en conocimiento y no en suposiciones.
Así y todo, es un desafío constante ya que en el encuentro con el otro lo hacemos desde nuestra propia idiosincrasia. Por esto, la formación continua y la actualización nos permiten agiornarnos a los cambios culturales y desarrollos intelectuales, así como conocer las mejores alternativas posibles de las que podemos esperar los mejores resultados. La persona que acude a nosotros como profesionales, está en pleno derecho a recibir información sobre cuál es la alternativa que mejor funciona en relación a su padecimiento. Así como también a ser informado sobre qué esperar de la intervención o tratamiento que podemos brindar, sobre la duración del mismo y el costo. Muchas veces, nos encontramos con que la razón del sufrimiento de las personas que buscan nuestra ayuda se relaciona a presiones culturales, y no se trata de una situación patológica sino de un conflicto de valores.

Es importante estar alertas a estas situaciones, ya que corremos el riesgo de “patologizar” experiencias normales de sufrimiento. Cuando utilizamos material clínico para investigación, docencia o supervisión, el paciente tiene derecho a dar su consentimiento informado. Es su derecho a que su identidad sea preservada ya que la información que nos brinda es confidencial. También es importante tener en cuenta que este secreto profesional no se aplica cuando existe riesgo de vida (para el paciente o para terceros) o frente a situaciones de abuso y violencia. Muchas veces, nuestra labor resulta estresante y desarrollamos sintomatología de agotamiento emocional. Otras veces, simplemente nos pasan situaciones como a cualquiera, que nos dejan en condiciones desfavorables y es también una consideración ética el evaluar si podemos o no brindar apoyo a otro en estas circunstancias. Si debemos derivar o permitirnos un descanso para recuperarnos. Finalmente, y sin con esto haber recorrido todos los planteamientos éticos del ejercicio profesional, es nuestra responsabilidad priorizar el bienestar del paciente por sobre nuestras propias necesidades particulares. Conclusión: Hemos descripto brevemente cómo la psicología aplicada estuvo en sus orígenes íntimamente ligada a las actividades de evaluación.

El quehacer del psicólogo clínico fue primero en relación de auxiliar del médico psiquiatra y a partir del crecimiento profesional y la organización de los psicólogos en asociaciones con personería jurídica (colegios de psicólogos), realiza su labor con pleno derecho y de forma independiente. El psicólogo clínico puede estar inmerso en diversos contextos, trabajando de forma individual e independiente o en relación de dependencia. También puede participar en grupos multidisciplinarios para el abordaje de situaciones complejas (ej. discapacidad, adicciones). Y realiza una diversidad de tareas, algunas para las que cuenta con preparación adquirida durante su formación de grado (ej. evaluación, tratamiento, investigación, docencia) pero otras en las que no recibe actualmente preparación (ej. funciones administrativas). Hoy sabemos que independientemente de la orientación teórica del clínico, los componentes inespecíficos de la psicoterapia explican gran parte de los resultados beneficiosos. Por este motivo, el entrenamiento en las habilidades y competencias relacionadas con estos factores resulta indispensable. La diversidad de tareas y contextos, pueden resultar en una experiencia maravillosa pero también estresante.

El psicólogo clínico se encuentra entre los agentes de cambio más capacitados y formados. Aun así, sabemos muy poco sobre cómo afrontamos nuestro propio distrés, o cambiamos nuestra conducta o lidiamos con los avatares de la profesión. Si bien, cuando se le pregunta a un psicólogo clínico si volvería a escoger la misma profesión o elegiría una diferente, la mayoría responde que volvería a elegirla, ya que puede ser una experiencia muy gratificante. Por ejemplo, cuando una persona que padece, que se encuentra en un estado de sufrimiento significativo es ayudada por nuestra intervención y mejora significativamente o vuelve a disfrutar de su vida. Es por esto que debemos atender no sólo al bienestar de nuestros pacientes, sino también al nuestro. Un tema muy actual encarado particularmente por psicólogos integradores como Guy y Norcross es el cuidado del cuidador, las estrategias indispensables de cuidado para poder estar en condiciones de ejercer nuestra labor.

Finalmente, estas actividades se realizan cada vez más en contextos novedosos, en situaciones y circunstancias de las que aún no sabemos demasiado (por ejemplo, situaciones de crianza homoparental) y que nos convocan en función del sufrimiento o malestar de las personas involucradas. Nuevas demandas que requieren adaptar, modificar o desarrollar nuevas formas de abordaje. Por esto, la formación de grado y posgrado que permiten la adquisición de habilidades básicas (indagar, investigar, observar, desarrollar estrategias de intervención, pensamiento crítico) son importantes para convertirnos en profesionales que puedan adaptar su respuesta a los cambios sociales y culturales. Esta formación que sentará las bases para que podemos realizar una articulación constante entre la psicología clínica como profesión y también como ciencia.