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Jueves, 13 de diciembre de 2018
COLUMNAS • LA NOTA CLARA
domingo, 07 de octubre de 2018
P. Jorge Leiva: “La poesía, la música, el canto sonparte de mi apostolado sacerdotal”
Hace pocos días, el padre Jorge Leiva presentó su nuevo libro “Cruz de la Unidad” en la Biblioteca Popular “Carlos Mastronardi” con el que suman cuatro publicaciones. Conversamos con él acerca de su gusto por la poesía y el canto, su formación sacerdotal, el canto en el desarrollo de las celebraciones y la ayuda que significa enriquecer la palabra, la utilización de ella y los recursos poéticos en la preparación de las homilías.
¿Cómo nació su gusto por la guitarra y el canto?
P. J. Leiva: Crecí en Galarza, en una familia con raíces católicas. En mi adolescencia empecé a frecuentar la parroquia con los chicos de Acción Católica; me invitó mi hermana Claudia y con gusto participé. Desde joven tocaba la guitarra como aficionado; un primo nos enseñaba algunas notas y nos fuimos contagiando para armar guitarreadas y cantar. Esos momentos de las reuniones familiares alegrados por la música, es uno de los recuerdos más lindo de la infancia y de la adolescencia.
¿En esos tiempos nació su vocación sacerdotal?
P. J. Leiva: Muy pronto fui poniendo el arte de la música en la parroquia porque se necesitan músicos en la liturgia de todas las comunidades. Fue también en esa instancia cuando descubrí mi vocación sacerdotal por lo para cursar tercero y cuarto año de la secundaria, me trasladé al Seminario Diocesano Menor, que estaba en Gualeguaychú. En ese entonces el rector del seminario era el padre Luis Guillermo Eichhorn, luego Obispo de nuestra Diócesis. En el año `81 terminé la secundaria en el Pío XII y comencé los estudios del Seminario Mayor. La mayor parte de mi formación sacerdotal la hice en la Abadía del Niño Dios, de Victoria. De los monjes tomé la lectura orante de la Biblia y me inspiró a cantar la misa.

La música, ¿sólo como autodidacta o hubo estudios específicos?
P. J. Leiva: Estando en el Seminario Menor, el padre Eichhorn me empezó a dar unas lindas partituras para que yo desarrollara más el arte de la música y tocara en guitarra algunas con mayor complejidad. En esa instancia fui bastante autodidacta. Después, cuando estaba estudiando en la Abadía, el entonces abad Osvaldo Giotto nos consiguió una profesora de música con la que hice estudios más formales. Aprendí también algo de teclado para acompañar las celebraciones con el órgano. Al final de esa etapa empecé a escribir canciones, es así que a los 25 años había escrito la “Cantata a los Santos Latinoamericanos” que me dio muchas satisfacciones. Tuvimos la oportunidad de ir a Europa con esta obra con un grupo de la provincia de Buenos Aires que se llama “Músicos y cantores Azuleños” a quienes había conocido en casa del queridísimo padre Osvaldo Catena, un sacerdote muy músico y muy santo que era oriundo de Santa Fe y estaba en la Diócesis de Azul, en un pueblo que se llama Benito Juárez. Estos cantores se entusiasmaron con la obra que la pensé con motivo del Bicentenario de la Evangelización de América Latina. Con ellos tuvimos la gracia de poder participar en Congreso Eucarístico Internacional en Sevilla, en el año 1993. También tuve una linda experiencia cuando estaba en Santa Anita porque venían profesores de Concepción del Uruguay que se entusiasmaron con algunas obras folclóricas para guitarra que había hecho; me cuentan que en las presentaciones de estudiantes en la prestigiosa escuela de música de Concepción del Uruguay, de repente los jóvenes interpretan algunas de mis milongas.

“En la instancia inicial como músico
fui bastante autodidacta.
Ya en la Abadía, tuve estudios formales.”

¿Y la poesía?
P. J. Leiva: Luego ya desplegué más el arte de escribir letras y con el tiempo me pareció oportuno empezar a publicar. El primer libro lo publiqué por el 2001 empujado por el entusiasmo de Roberto Romani, con quien nos conocemos desde hace muchos años. Esa instancia entre escribir y publicar es un paso difícil porque uno duda del valor de lo que escribe. Como decía J.L. Borges: “Publicamos para no pasar la vida corrigiendo borradores”. En los años más recientes escribo más poemas que canciones.

Sus obras tienen diversidad de formas poéticas…
P. J. Leiva: En mis obras poéticas uso el arte criollo de la sextina de José Hernández, las clásicas décimas de los criollos que atraviesa toda América Latina; nunca escribo en versos libres. En cuanto al soneto me resultó muy trabajoso al principio, una estructura un tanto ficticia, hasta que le agarré el ritmo y me encantó. Después empezaron a aparecer liras como la forma de escribir de San Juan de la Cruz. Otro poeta que me gusta mucho es Francisco Luis Bernárdez y en mi juventud disfrutaba mucho con José Pedroni muy dedicado al paisaje, a la tarea de campo, la familia, a destacar la maternidad. La poesía que está dentro del cancionero popular argentino es maravillosa, como la de Manuel J. Castilla, Homero Manzi, con una densidad poética formidable. La poesía del litoral es muy hermosa, me llega mucho. Por otra parte, la poesía, la música, el canto son una parte de mi apostolado, con lo cual no quiero decir que lo hago todo bien, por eso necesito de alguien que me corrija. Escribo a toda hora, cuando me surge un pensamiento, me llama la inspiración. No escribo cuentos, ni novelas, escribo pensamientos cortos, por eso me gusta mucho el soneto porque obligo a concentrar la idea, abrirla y cerrarla. En el verso libre o en las décimas uno corre el peligro de empezar a divagar. Aparte el cura necesitamos mucho del arte de analizar y sintetizar, ayuda para preparar la homilía. Es más fácil preparar una clase de 80 m. que una homilía de 10 m.
Lo vemos frecuentemente amenizando reuniones con otros músicos…

P. J. Leiva: Los cantores se buscan por la tomada y en la medida de lo que puedo me reúno con músicos del pago. Estando en Santa Anita se celebró el centenario de la comunidad, entonces hicimos una pequeña cantata como homenaje y me llevó a encontrarme con los jóvenes músicos del pueblo. La verdad que en torno al arte se crean vínculos muy fuertes, se crea un clima muy íntimo. La memoria del guitarrero es muy especial, ya que después de muchos años me encuentro con alguien al que no veía hacía tiempo y me recuerda tal o cual versión.

Hablemos de este nuevo libro:
P. J. Leiva: Hace unos meses me visitó un amigo, el padre Esteban Ruggeroni, que es el autor del prólogo de este libro; le di a leer algunas cosas y me dijo que no podía dejarlo en la computadora, tenía que darlo a conocer. Quizá algunos poemas tienen 10 años. “Cruz de la Unidad”, es el cuarto libro que publico; los anteriores fueron “Las manos en el cielo”, “Del Sacrificio a la Luz”, que tiene una saga en torno a la Semana Santa, y “Aquí estoy”. Este nuevo libro tiene cuatro sonetos que son una meditación en torno al ícono de la Cruz de la unidad. La segunda parte contiene siete sonetos sobre las siete palabras de Jesús en la Cruz, una meditación clásica de la iglesia. Para armar el libro, mi hermana Claudia me ayudó en la selección de poemas; en la corrección gramatical, la profesora Mara Mattos. El día de la presentación, dieron sus pareceres Mara y el sacerdote Sebastián Silvera Ramos, que por estos días de la novena patronal está en la parroquia Ntra. Sra. de Pompeya.

“Mi consejo es que todo aquel
que sienta la necesidad de escribir,
que escriba, que cultive el arte.”

¿Cerramos con un consejo?
P. J. Leiva: Primero, agradezco la generosidad de la gente que pondera el libro. Mi consejo es que todo aquel que sienta la necesidad, la inspiración de escribir, que escriba, que cultive el arte. Cada generación tiene la obligación de dejar plasmadas sus sensaciones, sus experiencias, sus costumbres, después otros la evaluarán. Por cierto que el arte de escribir se cultiva porque uno tiene que seguir aprendiendo la gramática, la lógica, la retórica, el arte del buen decir, enriquecer el lenguaje. Vivimos en un mundo que tiende a disminuir la cantidad de palabras; eso no es bueno porque el corazón humano necesita muchas palabras para expresar los diferentes matices de las sensaciones por las que atravesamos a lo largo de la vida. Además uno necesita el arte del buen pensar porque escribir o hablar no sólo es expresar sensaciones, uno tiene que desarrollar un pensamiento lógico, dejar una enseñanza.