El Diario de Gualeguay
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Miércoles, 24 de abril de 2019
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sábado, 23 de febrero de 2019
Ivana Recalde por Centroamérica
A mediados del mes de enero, Ivana Recalde, junto a Leo, su novio, emprendieron un recorrido por países de Centroamérica, una experiencia maravillosa que nos comenta en varias entregas. Primera etapa, Panamá y Costa Rica.
¡Gracias Ivana, por llevarnos a conocer y disfrutar!
Viaje a Centroamérica
“Todo empezó con una agenda 2018 que me regaló mi prima en el verano pasado…. Decía “proyectos para este año”, y yo escribí GUATEMALA. Me olvidé un poco de ello con el trajín escolar hasta cerca del mes de octubre, que con Leo, mi novio, concretamos el pasaje: Santiago de Chile- Panamá y regreso luego de 25 días, México D.F- Santiago de Chile.

La llegada a Panamá fue un tanto particular, diría yo. El calor brotaba desde el cemento y justo ese día arribaba el Papa Francisco con motivo de la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud). El aeropuerto estaba repleto de jóvenes con banderas de distintos países y con tanto entusiasmo y alegría que era imposible no contagiarse de ello. Pero, justamente por este evento, es que Panamá City estaba cercada y los medios de transportes limitados en sus recorridos. Nos tocó arrendar un tranfers con 8 personas más para poder llegar a la estación de metro. Mientras nos llevaba, observamos que no se usan las patentes delanteras de los vehículos, ésta está destinada a colocarle el nombre de fantasía al auto, así como si fuera el apodo.

Cuando llegamos al centro antiguo, vimos el mundo de personas que había llegado a Panamá, ¡increíble! El metro colapsaba en todas sus estaciones por la multitud que salía y entraba para movilizarse hacia donde estaría el Papa hablando a las 2 pm. Nos costó encontrar alojamiento en la Antigua Panamá debido a que los peregrinos habían reservado con meses de anticipación, hasta que preguntando a policías nos indicaron un modestísimo hotel. Ahí alojamos, pero estábamos en el casco antiguo de Panamá.

Salimos a recorrer inmediatamente; la multitud llenaba de color y alegría unas calles grises y casas abandonadas. Las construcciones de la Antigua Panamá son hermosas, con balcones finamente tallados, pero tan abandonados que muchas están rayadas y otras tienen grafitis. Actualmente muchas se utilizan como locales de comercio en la parte de abajo, y el resto queda deshabitado.

Todo estaba custodiado por policías, pero nos decían que así no era siempre, sólo que por la llegada del Pontífice sucedía esto, pero que en ocasión normal, luego de las 20:00, mejor no andar en las calles. Y esa sensación sí la experimentamos caminando de tardecita.

Entre las calles de la Antigua Panamá se dejan ver, lujosos rascacielos, de distintas alturas y muchos vidriados por completo. Pero lo más curiosos de esto es que muchos rascacielos estaban sin funciones, o sea, vacíos, no eran edificios de viviendas, ni tampoco oficinas…. El contraste fue impactante para nosotros.

Al otro día quisimos ir rumbo a la playa; tomamos un bus de 10 hs para llegar a Boquete, un pequeño pueblo en un valle, dedicado al café y a las flores, con un clima ya más fresquito. El verde de su vegetación nos hizo alejarnos un poco de la idea de Panamá y sus rascacielos. Teníamos en mente ir a una Isla en el Mar Caribe, pero luego de consultar y enterarnos que debíamos viajar un día y medio sólo para llegar, cambiamos el rumbo y decidimos cruzar a Costa Rica por el lado del Pacífico. Nos habían dicho que esa frontera era casi visible en cuanto a la marcada diferencia de su naturaleza, y así fue…

Cruzar a Costa Rica fue relajarse inmediatamente, quedar con la vista perdida en la inmensidad de las palmeras, comenzar a escuchar loros y ver volar muchas aves de colores. Fue nuestro paso a la verdadera Centroamérica que queríamos.

La primera playa a la que llegamos fue Uvita, y justo unas horas antes del atardecer. Fue sólo buscar hostal y ponermos ropa de playa, corrimos hacia ella y, entre olas, palmeras y carteles de “cuidado con los cocodrilos”, tuvimos un atardecer soñado. Al ir a cenar, al conversar con las personas, nos dábamos cuenta de una frase que la repetían mucho y en todo momento: “pura vida”. Claro, preguntamos y esa es la frase que los costarricense utilizan para todo y que los identifican… Ellos son “pura vida”, así la viven, y así la transmiten al viajero. Nos contagiamos de su optimismo y fuimos recorriendo playas, Uvita, Jacó, Punta Arena, tomando agua de coco, comiendo patacones, maduros, camarones, desayunos típicos con frijoles, vigorones (una especie de ensalada envuelta en hoja de árbol y servida en una bolsa plástica).

Atentos a ver perezosos, cuidándonos de los mosquitos y de la famosa fiebre amarilla, y con un calor que era agobiante, pasamos días hermosos en Costa Rica.
Desde la ciudad de Liberia cruzamos hacia Nicaragua, pero a ese capítulo se los comento en la próxima entrega.”
(continuará)