El Diario de Gualeguay
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Miércoles, 24 de abril de 2019
NOTAS LOCALES
Pbro. Jorge H Leiva.
domingo, 14 de abril de 2019
Desde la violencia a la paz. Santa semana
“Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca”. (Is 53)
Hace un tiempo por una prestigiosa radio un analista explicaba o intentaba explicar las raíces de la violencia de nuestro tiempo. Y decía- desde la psicología social- que hoy la violencia se ha hecho sistémica.

¿Cuál es la raíz de tanta agresividad entre nuestra gente, nuestras familias, en las canchas de futbol, en las manifestaciones políticas, en el tránsito? Las distintas formas de agresividades nacen-decía este estudioso- de una profunda insatisfacción.

El sujeto de la sociedad del consumo y del rendimiento se autoafirma comprando en medio de este gran “shoping” que es la sociedad de hoy; se autoafirma con despotismo o con violencia sobre el otro. Es esa una forma muy pobre de “soñarse fuerte por sentirse blando” como decía Larralde en la década del 70.

Hay una gran brecha entre la expectativa y la realidad: hoy los medios, las redes sociales, la costumbre imperante nos invitan a ser exitosos, a consumir cada vez más, a tener cada vez más “derechos” (algunos que incluso no pertenecen a la naturaleza humana…, ejemplo…, nos imaginamos una especie de “derecho a no sufrir”).

Entonces como no logramos salir al encuentro de esa profunda insatisfacción o nos deprimimos o nos chocamos con el otro “transfiriendo” hacia él nuestra insatisfacción en forma de violencia. Otra razón- decía el psicólogo social citado- por la que nos volvemos violento es la experiencia de la injusticia: cada día vemos como quienes se han esforzado menos que nosotros tienen un mayor nivel de vida. Se bajan de un auto mucho más lujoso que el nuestro (y eso tiene un valor simbólico muy impactante para quien vive en medio de las “superficies del consumo”). Nos da rabia la supuesta libertad del que trabaja menos y tiene más y encima exhibe su status…
“La semana santa es escuela de la paz
por la que aprendemos a sabernos amado.”

En semana santa contemplamos al más pacífico de la historia: a Jesús de Nazaret. La violencia que recibió es absolutamente simbólica porque fue acusado por el status de una sociedad, por los poderosos de las finanzas de la capital de su amada patria (los sacerdotes en complot con los romanos poseían fortunas en el tesoro del templo fruto de las ofrendas de la gente de buena voluntad), fue acusado por los ocupantes del imperio de turno, por la multitud capitalina (no por la pobre gente provinciana de Galilea); fue acusado por dos trasnochados “virreyes” del imperio (Herodes Antipas y Pilato). Sus propios discípulos (salvo honrosas excepciones) lo abandonaron. La violencia recae sobre el “príncipe de la paz” (Is 9) y Dios parece callar en extremo.

Sus heridas nos curan. Su abandono absoluto en el Padre nos educa.
Esta semana santa contemplamos como se reacciona ante la violencia: “Podrán tratarme como basura pero no me convertirán en basura” decía un sacerdote mártir de los campos de concentración del nazismo: Así lo vivió Jesús para salvarnos.
Quien ha afirmado su personalidad “sabiéndose amado absolutamente” no necesitará agredir. Será maestro de la paz. Nuestros jóvenes necesitan aprender el arte de la paz.
La semana santa es escuela de la paz por la que aprendemos a sabernos amado… para amar…como Jesús amó: sólo de este modo estamos capacitados para trabajar por la justicia y la paz. La paz es un don y una tarea.