El Diario de Gualeguay
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Miércoles, 21 de agosto de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 28 de julio de 2019
Alcoholismo
Continuando con la investigación que realiza el Psicólogo Luis Salamone, decíamos que el goce dionisíaco podemos tomarlo como una forma característica del goce de ciertos alcohólicos.
A lo largo de la obra freudiana se encuentran diseminadas algunas consideraciones referidas a la cuestión del alcoholismo, que nos permiten esclarecer algunos puntos para abordar esta cuestión. En “tres ensayos de teoría sexual “hay un apartado acerca del autoerotismo, donde se define a una práctica autoerótica cuando la pulsión encuentra satisfacción en el propio cuerpo. El niño lo logra al mamar el pecho o mamadera y los labios serán una zona erógena. Se produce un divorcio entre la necesidad de alimentarse y la de repetir una satisfacción sexual. Ante la dificultad de vincularse con el mundo exterior opta por satisfacerse en una parte del propio cuerpo que le resulta más accesible. En relación al chupeteo Freud nos dice: …Tendrán una potente motivación intrínseca para beber y fumar … por lo tanto vincula el hábito de la bebida con un goce autoerótico. Sin duda éste es uno de los motivos que hacen que estas cuestiones sean tan difíciles de tratar clínicamente. Resulta interesante que nos dice que, a veces la represión como mecanismo de defensa, produce síntomas como ser el asco. Cuando este rechazo es lo que se pone en juego (suele verse también cómo aparece en quienes realizan tratamientos para dejar de fumar y no soportan que alguien fume a su lado), no resulta aventurado pensar que la solución que se puso en juego pasa por el plano de la represión. El asco o el rechazo al alcohol, no sería otra cosa que el reverso de la compulsión de beber. De esta forma todo tratamiento antialcohólico que produzca el efecto de asco a la bebida, estará fundamentado en la puesta en juego de la represión que, por otra parte, sabemos que está siempre ligado al retorno de eso reprimido y, por lo tanto, su éxito no sería de extrañar que sea relativo, ya sea porque esta compulsión esté dispuesta a volver a aparecer en cualquier momento, o aparezca bajo otro síntoma.

S. Ferenczi ha señalado que, quienes luchan desde la posición del antialcoholismo dejan de lado el hecho de que éste es una consecuencia de la neurosis, que puede llegar a ser muy grave, pero no su causa. El antialcohólico, nos dice, “es un neurótico que se autoriza a vivir su libido, pero solo al precio de un sacrificio de igual naturaleza.” Se puede curar en tanto se pueda descubrir las causas inconscientes que llevan a refugiarse en el alcohol. Por ejemplo, el alcohol puede desinhibir a alguien, pero esto no soluciona su neurosis. A partir de entonces uno puede quedar condenado a vivir ebrio. En ese estado puede tener tantos o más problemas que los que le acarrea su neurosis, pero en otro plano. No se trata de oscilar entre una posición o la otra, se trata de encontrar una salida. Freud realiza una equivalencia entre los consuelos que prodiga una religión y el que puede otorgar un tóxico. En esa época imperaba en EEUU la ley seca, donde se prohibía el expendio de bebidas alcohólicas. Mientras se pretendía quitarles a los hombres la posibilidad del goce de la embriaguez, se les ofrecía, como resarcimiento, el temor de Dios. Perdiendo de vista que en realidad “quien no padece de neurosis tampoco necesita de intoxicación alguna para aturdirse.

En “el chiste y su relación con el inconsciente” Freud define al hombre como “un incansable buscador de placer”. A aquel que alguna vez gozó de determinado placer le será muy difícil renunciar al mismo. El dice que hay en nosotros una instancia crítica que opera reprimiendo el placer de decir disparates y que, a veces se evita ingiriendo alcohol. Se apela a la bebida buscando una alteración del ánimo. Es decir, se busca por una vía tóxica volver a fuentes de placer que se encuentran sofocadas por fuerzas inhibitorias. En este sentido la alteración provocada por el alcohol es comparada con el chiste o disparate, éste produce un placer que ha sido acallado por las inhibiciones. “Bajo el influjo del alcohol, el adulto vuelve a convertirse en el niño a quien deparaba placer el decir libremente su pensamiento sin represión”. El alcohol lleva a un ahorro del gasto psíquico al aligerar el peso ejercido por la crítica, es en este punto donde se produce una ganancia de placer.

FUENTES: Salamone: Debates en torno al alcoholismo.
Freud, S. Obras completas--