El Diario de Gualeguay
Desde 1901 al servicio de la región
54 3444 412846
Sábado, 21 de septiembre de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 18 de agosto de 2019
El abuso y la infancia como propiedad de los adultos.
¿Por qué el lugar más peligroso para niños, niñas y adolescentes es la propia casa? Dos de cada tres agresiones sexuales contra ellos son perpetradas por personas del ámbito familiar, de mayor a menor en el porcentaje: padre, padrastro, tío, abuelo.
Lic. Ana Zanini. MP 138

Esta pregunta nos resuena en particular a quienes trabajamos con adolescentes, etapa en la que se va transfiriendo la confianza adquirida en la propia familia, construida en la infancia, a la confianza en los pares y otros adultos del afuera familiar, lo cual posibilitará un desprendimiento saludable. En la observación clínica, en muchas familias en las que ocurre un abuso sexual intrafamiliar hay una proyección de ese interior peligroso hacia el afuera. Madres y padres no habilitan a que sus hijos e hijas adolescentes exploren el mundo que está afuera de la propia casa. La noción de propiedad de los hijos suele ser uno de los elementos más visibles: la prohibición de salir o tener intimidad con amigas y amigos, de interesarse por otros u otras, de tener novio/a, etc.

Esta idea de que el niño o niña son una propiedad de sus padres y por extensión de los adultos cercanos a ellos, está naturalizada a partir de años y años de una cultura patriarcal en que no eran considerados sujetos

La apropiación por parte de los adultos criadores es la imposibilidad de reconocerlos como sujetos independientes que tienen sus propias necesidades y anhelos, que incide en que habitualmente esos niños, niñas y adolescentes no reconozcan si tienen gustos propios y preferencias. Tiene una gradación que va desde el dominio en el abuso sexual hasta formas más sutiles.

Esther Díaz hablad de relaciones de Poder y las relaciones de Dominio. Si la relación es de dominio, el poder está concentrado en un extremo. No existe la posibilidad de reacción. Es el tipo de relación amo-esclavo. No hay interacción. Se obedece o se recibirá un castigo. La capacidad para otorgar una respuesta crítica no tiene cabida: secuestrados, prisioneros.

Esto también es aplicable para el tipo de vínculo que arma el abusador con el niño, niña o adolescente. La particularidad de este tipo de dominio es que en la mayoría de los casos no deja a la vista la violencia con la que opera. El abusador se va apropiando de las pulsiones de la niña, niño o adolescente, provocando que éstos sientan que participan subjetivamente, lo cual genera la culpa que muchísimas veces lleva a mantenerlo en secreto, y a no poder alejarse ni pedir ayuda. Pero en realidad se trata de una desubjetivación por parte del adulto.

Los cuerpos de los niños y niñas resultan una propiedad para adultos que incluso pueden “cazar” niños que están solos en una plaza o al alcance de su mano por ser vecinos. También para padres y madres que se apropian de sus cuerpos a través de la violencia física.

Esta idea de que el niño o niña es una propiedad de sus padres y por extensión de los adultos cercanos a ellos, está naturalizada a partir de años y años de una cultura patriarcal en que no eran considerados sujetos. Y si los padres no podían cuidarlos era un juez quien se hacía “dueño” de ellos para tutelarlos sobre todos los aspectos de su vida. Esa era la ley del patronato.

En nuestro país la Ley 26061 en 2005 puso fin al patronato de menores. Luego, a partir de 2015, a la luz del nuevo Código Civil y Comercial, desapareció toda mención a los procesos de protección de persona, quedando a cargo de los dispositivos administrativos la función de concretar el cuidado integral de la niñez a través de medidas de abrigo.

Los niños y niñas desamparados dejan de ser una propiedad para que un juez decida todo por ellos, y pasan a ser sujetos de derechos y el Estado debe velar para que esos derechos se respeten. Es un cambio de paradigma importante, pero, ¿de qué Estado se trata? ¿Puede un Estado al servicio del poder económico y político de grandes capitales que recorta derechos y presupuestos en educación, salud, alimentación, trabajo y vivienda todos los días velar por esto?

Tenemos un Estado que abandona a los niños, adolescentes y jóvenes vulnerándolos y excluyéndolos, y luego los estigmatiza y criminaliza tratando de naturalizar la violencia institucional que ejerce sobre ellos.

También una Justicia patriarcal para la cual los niños son objetos de adultos, y es a estos adultos a quienes considera que debe proteger.
Un niño pequeño en estado de adoptabilidad al cual el Juez le prometió una familia necesita esperar tres o cuatro años para que eso se concrete y mientras tanto se va enfermando y desorganizando psíquicamente al ver que esto no se cumple, y que sus compañeros de hogar son visitados y luego adoptados, pero él no. ¿Por qué? El padre, que fue violento, abandonó al niño hace años, no lo visita, no cumple con los tratamientos que le indicaron, no tiene interés por recuperar el vínculo, pero no quiere firmar para ceder sus derechos.

Continuaremos con estas reflexiones de la Lic. Susana Toporosi la próxima semana.