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Viernes, 20 de septiembre de 2019
COLUMNAS • RAZÓN CRITICA
domingo, 08 de septiembre de 2019
RESIDUOS Y MEDIOAMBIENTE
En un contexto político, económico, mediático y social dominado por las pujas electorales y los vaivenes financieros, el Ejecutivo nacional publicó en esta semana el Decreto 591/2019 mediante el cual se modifica la ley de Residuos Peligrosos. De esta manera, ahora podrán ingresar al país materiales sin certificados de inocuidad.
Si bien desde el Gobierno argumentan que actualmente estos certificados están en desuso y, además, prometen mayor rigurosidad en esta temática, el mencionado decreto no deja de preocupar a las entidades ambientalistas y cooperativas cartoneras. Es preciso señalar en este punto que la sociedad en su conjunto debería compartir la preocupación de estos sectores ya que la mala gestión de los residuos puede perjudicar seriamente el medioambiente de Argentina.
El desmesurado crecimiento en el volumen de los residuos en la sociedad actual está poniendo en peligro la capacidad de la naturaleza para mantener nuestras necesidades y las de futuras generaciones. La basura se considera uno de los problemas ambientales más grandes de nuestra sociedad. La población y el consumo per cápita crece, y por ende la basura; pero el espacio no y además su tratamiento no es el adecuado. Hasta el día de hoy la gestión de los residuos se ha centrado principalmente en un único aspecto, la eliminación de los mismos (hacerlos desaparecer de la vista) a través de basurales, rellenos sanitarios y en algunos casos, de incineradores. Estas soluciones de final de tubería, como se las denomina, no tienen en cuenta la necesidad de reducir el consumo de materias primas y de energía, y plantean serios riesgos para el medio ambiente y la salud de las personas (Fuente: Grupo de Investigación de Economía Ecológica de la Facultad de Ciencias Económicas y sociales de Mar del Plata). En Argentina esta problemática es aún peor ya que ni en las autoridades encargadas ni en la población en general existe una gran conciencia sobre el destino de los residuos. El verdadero interés pasa por un servicio de recolección eficiente de los mismos. Esta situación significa una grave contingencia ya que el meollo de la cuestión pasa por generar una reducción importante en la producción de basura como base de un manejo sustentable para lograr la conservación de los recursos naturales y el bienestar sanitario de la población que habita este territorio. Este escenario está lejos de resolverse mediante la importación de basura.

En 2016, en nuestro país, cada habitante producía en promedio 0,85 kg/hab/día, que generaba un total de 36.036,39 toneladas de residuos sólidos urbanos por día y 13.153.282,19 toneladas por año. De ellas, 4.639.934 eran aportadas por la provincia de Buenos Aires, la mayor generadora de residuos. Tierra del Fuego, en cambio, la provincia con menor generación de basura, con 31.230,92 toneladas por año. Cabe aclarar que la generación de residuos no varía sólo con la cantidad de habitantes, sino también con el nivel económico de cada región (Fuente: González, 2010. Citado por el Grupo de Investigación de Economía Ecológica de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de Mar del Plata). Estos números hasta la actualidad han ido variando en demasía. Por ende, en nuestro territorio existen enormes volúmenes de residuos muy difíciles de gestionar. "Este decreto es una locura, vamos a gastar millones de dólares en comprar la basura que acá sobra y no sabemos tratar", explica Leonel Mingo, coordinador de campañas de Greenpeace Argentina. A su vez agrega que “los países que importaban basura lo están dejando de hacer por el daño que provocaba” (Fuente: Cenital).

Desde el oficialismo reconocen que la importación de residuos está prohibida. De todas maneras, consideran esta situación bajo el enfoque de la obtención de recursos. Así lo expresa Juan Trebino, Subsecretario de Fiscalización y Recomposición de la Secretaría de Ambiente de la Nación: "la importación de residuos está totalmente prohibida. Lo dice la Constitución, lo dicen las leyes y lo dice este decreto. Pero no podemos seguir viendo a los residuos como en los 90, son recursos. El decreto 181 de 1992 respondía al ingreso de todo tipo de residuos, especialmente residuos nucleares y baños químicos. Con los años los países ya no emiten certificados de inocuidad y muchas corrientes ingresaban a la Argentina y encontraban un escollo muy grande para poder ingresar". El funcionario agregó que lo que se hace es flexibilizar el ingreso de ciertos materiales que usa la industria y que en el país no hay o no en cantidad suficiente. Algunos ejemplos son el scrap de aluminio, para la industria automotriz, el caucho de cierta granulometría o la chatarra (Fuente: Laura Rocha para Infobae). Si bien la óptica de “obtención de recursos” que introduce el funcionario es interesante, en la comunidad internacional parece no hacer mella, aún menos en los países en vías de desarrollo como el nuestro. "Es una clara regresión ambiental y social a nuestro país, este decreto no solamente permite que los países más ricos y poderosos se saquen de encima sus residuos y los manden a países en vías de desarrollo" dice Mingo. Una prueba de esto es la que tuvo lugar en mayo de este año, cuando 187 países firmaron un compromiso sugerido por Noruega, para limitar la importación y exportación de desechos plásticos, en el marco de la 14ª Reunión de la Conferencia de las Partes en el Convenio de Basilea. Allí, en Ginebra, Estados Unidos trabajó con Argentina y Brasil para frenar el acuerdo que permitía reducir la comercialización de productos plásticos (habilitados a la importación gracias al decreto reciente de Macri). Sin embargo, fracasaron en el intento y la decisión fue avalada por la mayoría, por lo que, desde 2021, nadie podrá comercializar restos de material plástico (Fuente: Juan Amorín para Cenital). A propósito de estos asuntos, una reciente investigación del periódico The Guardian demostró que Estados Unidos envía, bajo dudosos controles de calidad, toneladas de residuos plásticos y material desechado en su país hacia países "del tercer mundo", entre los que se encontraban Ecuador, Camboya, Laos, Ghana, Etiopía, Kenia y Senegal. En el artículo se destaca que Norteamérica logra introducir su "chatarra" en estos mercados porque ellos ofrecen "mano de obra barata y regulación ambiental limitada". El año pasado desde Estados Unidos se exportaron 68.000 contenedores de reciclado de plástico estadounidense a países en desarrollo que tratan de manera deficiente más del 70 por ciento de sus propios desechos plásticos, porcentaje de reciclado similar al que tiene Argentina en la actualidad (Fuente: Juan Amorín para Cenital). Es menester de los funcionarios públicos encargados de esta cuestión comprender que, bajo la excusa de obtener recursos, no se pueden omitir las capacidades estructurales y de gestión de los residuos que posee nuestro país. Si no se pueden hacer cargo de la basura que generan los argentinos, menos aún sería posible gestionar los desechos de otros lugares del mundo. Peor aún si estos elementos llegan a Argentina sin los certificados de inocuidad que, no parece ser casualidad, Estados Unidos dejo de emitir hace unos años. Otra situación que tampoco parece ser casualidad es que esta normativa también flexibiliza el ingreso de plásticos, por ejemplo. Desde que China cerró la importación de plástico reciclado desde los Estados Unidos, este país busca nuevos mercados para enviar los cientos de miles de toneladas que genera al año (Fuente: Laura Rocha para Infobae).