El Diario de Gualeguay
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Martes, 22 de octubre de 2019
SEGUNDA SECCIÓN • PSICOLOGÍA
domingo, 06 de octubre de 2019
Ataque de panico
Hoy el ataque de pánico no es en realidad una categoría diagnóstica en sí misma, sino un síntoma de alta ansiedad presente en otros trastornos, lo cual es correcto.
Hoy por hoy, el Trastorno de Pánico es lo que se toma como categoría diagnóstica, considerando a la preocupación a tener un ataque, como el componente más detonante de un posible ataque de pánico. el tratamiento no ha sufrido cambios significativos y sigue siendo la preocupación por tener una crisis el gran problema de los panicosos y a lo que en definitiva, más se apunta a decrementar en el tratamiento.

El pánico es uno de los trastornos que más se presentan en las consultas. Los ataques de pánico se resuelven a veces en dos o tres consultas. El paciente que es psico educado en cuanto a qué es el pánico, enfatizando particularmente que no se muere de eso, entiende rápidamente la lógica de cómo funciona el sistema nervioso autónomo. Si a esto sumamos la enseñanza de la respiración abdominal, el paciente logra controlar sus síntomas y sentirse bien; a veces lo suficiente para un alta. Ahora bien, esto no sucede en la mayoría de casos.

Cuando el paciente se presenta con trastorno de pánico, es decir, con la idea de que puede volver a tener ataques de pánico, también sabemos que la historia es otra. Un paciente que ya no tiene ataques de pánico, puede sin embargo presentar una permanente preocupación por tenerlos, lo cual le genera una hipervigilancia a sus sensaciones y un monitoreo permanente de su cuerpo. Dicho proceso lamentablemente lo acerca más a tener un ataque en algún momento, siendo esto lo que paradójicamente, trata de evitar con esa preocupación.

¿Por qué, a pesar de que el paciente es tratado con técnicas apropiadas como la psicoeducación, respiración abdominal, exposición interoceptiva, refocalización atencional y otros procedimientos ampliamente probados en su eficacia, en ocasiones se producen recaídas en el mediano y largo plazo? Bien, hay muchas variables que van desde la biología hasta el aprendizaje proporcionado por padres miedosos quienes inadvertidamente, han educado a sus hijos a tenerle miedo a cualquier sensación física. Esta vez, enfoquemos dos factores diferentes: el componente evitativo y la enseñanza de aceptar a la ansiedad.

Sabemos, como principio operante en los tratamientos para la ansiedad, que cuanto más se evita un estímulo que provoca ansiedad, en lo inmediato la disminuye pero a largo plazo la aumenta, empeorando el cuadro. Por supuesto que esta sencilla fórmula es explicada a nuestros pacientes en la psicoeducación, pero igualmente, hay algunos pacientes que precisan de algo más.

Para entender el comportamiento de evitación, lo primero que tenemos que saber es que puede adoptar formas muy diversas. Lo que se evita es la ansiedad o experimentar sensaciones de ansiedad. He aquí una lista de conductas de evitación:-tomar un ansiolítico cada vez que me siento ansioso.
Tomar algo para sentirme mejor (un analgésico cuando no se experimenta dolor).

Tomar alcohol, fumar, dejar de tomar colectivos, trenes u otro medio de transporte si me provocan ansiedad. Dejar de salir o salir menos.
Monitorear todo el tiempo si me siento bien. Tomarme la presión por cada sensación física experimentada. Tomarme las pulsaciones al menor cambio en el ritmo cardíaco. Evitar todo aquello que me moleste o no me haga sentir bien.

Hay muchos más comportamientos similares a los mencionados. La idea es detectarlos en los pacientes, para poder luego hacer un cambio a futuro, ya que, si estas conductas persisten en el tiempo, luego del alta, las recaídas se vuelven altamente probables.

Muchos pacientes, en forma natural, capitalizan la psicoeducación y la propia experiencia del tratamiento en cuanto a la mejoría, de una forma muy interesante, ya que empiezan a cambiar un poco si se quiere, la percepción del contexto que los rodea, el cual ya no es percibido como peligroso. Lo aprendido en la terapia proporciona la validez empírica para avalar esta nueva forma de ver el mundo. Presentan, por ende, muy pocos comportamientos evitativos de la ansiedad. Y justamente por ello, estos pacientes difícilmente presentan recaídas. Aceptan, si se quiere, a la ansiedad como parte de la naturaleza del estar vivos; toman a la misma como una emoción que simplemente es un motor de vida, no un elemento peligroso para la vida, incluso cuando la ansiedad es alta y molesta. Deja de percibirse peligrosa, por lo tanto, deja de asustar. Si esto sucede, la evitación prácticamente desaparece como componente que mantiene a la ansiedad a largo plazo. Si hay evitación, es otra la atribución que se lleva a cabo: “no lo hago porque no me gusta, no porque me de ansiedad”. Este es el cambio crucial que hacen estos pacientes y que les garantiza cambiar la manera de vivir y contemplar aquellas situaciones que antes generaban ansiedad y que hoy, son simples contextos en donde uno en todo caso, eligen exponerse o no sobre la base otras variables (ganas, placer, circunstancia, etc.). Un ejemplo sencillo para mostrar este fenómeno: tomemos hipotéticamente, un paciente que antes no se subía al subte por miedo a sentirse mal y no poder salir. Obviamente, la evitación a subir al subte era completa o en su defecto, la exposición era vivida con mucha ansiedad, padecimiento del viaje o tener que siempre ir con alguien para que lo auxilie en caso de sentirse mal. Nótese el componente evitativo, cómo puede empeorar el cuadro hasta cronificarlo. Supongamos que hace un tratamiento y aprende las técnicas para afrontar, lo hace y le va bien. Se empieza a sentir dominante de la situación (antes lo percibía a la inversa). En un futuro, si está esperando el subte y este viene lleno, puede ser que nuestro ex panicoso evalúe y piense que es mejor dejar pasar el subte y esperar uno menos lleno para poder viajar más cómodo ya que está con tiempo extra. En ese caso, el componente evitativo hizo un cambio sustancial: no evita por miedo a la ansiedad, sino en pos de la comodidad. Sabe que, en caso de estar ajustado de tiempo, lo tomará igual y que será un viaje incómodo. Esta manera de actuar, donde se elige la acción sobre la base de situaciones específicas no relacionadas con la ansiedad, es lo que lo iguala en su acción a aquellas personas que no tienen ni tuvieron pánico a sentirse mal en el subte.
Continuaremos,
Fuente: Terapias Cognitivas conductuales.