El Diario de Gualeguay
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Martes, 12 de noviembre de 2019
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domingo, 03 de noviembre de 2019
Germán Solari: Un viaje en familia a los lugares de sus antepasados… y un poco más 3ª Entrega
En la segunda parte del viaje con su mamá y sus hermanos nos comentó el paso por Montecarlo, como también Niza para, desde la región de la Toscana, en Italia, ir a uno de sus objetivos, Zoagli. Pisa, Florencia, Venecia formaron parte de los lugares que más admiraron. Y ahora, al maravilloso sur de Italia…
Desde el norte pasamos al sur de Italia recorriendo en la autopista paisajes imborrables, pueblitos en la cima de las montañas, con callecitas angostas sin veredas, construcciones asentadas en barro y techos de tejas. Así llegamos a Salerno, vecino a Nápoles donde nos afincamos en Castel San Giorgio, donde nos esperaba Ninna, una mujer mayor, amorosa, bien tana autóctona, dándonos las llaves de la casa que habíamos alquilado.

Conocimos la Costa Amalfitana, lugar maravilloso, sus pueblos a orillas del Mar Tirreno, extendiéndose sobre las laderas de las montañas, sus playas, su agua cristalina, su caminos de cornisa con vistas únicas, visitando las ciudades de Amalfi, Salerno, Positano, Furore, Ravello, Vietri sul Mare, entre otras maravillas.
Al día siguiente fuimos a la pintoresca ciudad de Sorrento, con sus bellísimas calles peatonales, lugar desde el cual nos embarcamos en ferry hacia la romántica isla de Capri, lugar imperdible. Ya en el puerto, tomamos otro barco de menor porte para recorrer la isla y sus encantos.

El último día en el sur, viajamos rumbo a Montemurro, ciudad perteneciente a la provincia de Potenza, región de Basilicata, desde donde llegó mi abuelo Bartolomé Lacorazza junto a sus hermanos y su padre José. Llegar a ese pueblito de 1200 habitantes, donde la juventud va desapareciendo, emigrando a las grandes ciudades, donde la siesta es sagrada, una pequeña plaza con su iglesia y casa de gobierno, con casas antiguas todas de tejas anaranjadas, calles pequeñas, estar ahí, mientras esperábamos a Erminia di Sanzo, mamá de Piero Lacorazza, político que fue gobernador de Potenza fue como sentirnos frente a nuestros antepasados. Al llegar nos abrió las puertas del Pallazzo Lacorazza, casa antigua de ambientes grandes, muy bien conservada, donde nos brindó su hospitalidad. Pasamos unas horas hablando de la familia. Fueron momentos hermosos que quedarán en nuestros recuerdos por el hecho de haber visitado la tierra de nuestros familiares.
Al día siguiente regresamos a Roma; día de compras, regalos, aunque el cambio no nos favorecía.

Si vienen a Italia, por favor no se pierdan de probar las distintas clases de pizzas, únicas, los vinos excelentes, los aceites de oliva y las distintas clases de fideos, como también los helados artesanales.

Regresamos a nuestro país con la alegría de haber cumplido un sueño tan esperado.