El Diario de Gualeguay
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Martes, 10 de diciembre de 2019
COLUMNAS • RAZÓN CRITICA
domingo, 01 de diciembre de 2019
Impuesto a las ganancias: conceptos claves
Cada vez que está por asumir una nueva gestión gubernamental, se despliegan una serie de análisis acerca de cuáles medidas tomará a futuro el entrante Presidente. Uno de los que más se repite es aquel sobre el impuesto a las ganancias. Por esta razón, se considera oportuno desde esta columna, retomar un artículo que se escribió en este mismo espacio sobre esta temática.
En el debate acerca del llamado Impuesto a las Ganancias de los trabajadores en relación de dependencia entran en juego polémicas teóricas sobre el papel del Estado en la economía de un determinado país, la trascendencia del sistema impositivo y la eficiencia del gasto público. En relación a este último punto, se observan posiciones en común entre diversos especialistas acerca de que las escalas, alícuotas y desgravaciones deberían ser repensadas. Asimismo, el tema en el ámbito político y gremial se ha dirigido a variables que apuntan desde su eliminación hasta la demanda de exclusión del pago sobre el aguinaldo. Ante el escaso accionar de la clase política para encarar la situación con un criterio profundo y eficaz sumado a las diferentes especulaciones políticas que sólo participan negativamente en el proceso de la construcción de un sentido económico alternativo al convencional, resulta interesante la claridad de conceptos básicos para afrontar la relevancia de ese tipo de impuestos.

Los Estados precisan recaudar impuestos para efectuar actividades necesarias al bien común. Para eso configuran, usualmente aunque a veces hay excepciones, un sistema tributario con el objetivo de que sea básicamente equitativo. Generalmente, los sectores que son tocados por los impuestos presentan resistencia a pagarlos, siendo la táctica para mostrar disconformidad siempre la misma: argumentar que pagan mucho, alegar que otros lo hacen menos y que la acción del Estado es avasallante sobre sus ingresos (en el caso de Argentina, al no haber un sistema impositivo conciso y progresivo, estas manifestaciones a menudo son ciertas). En este contexto, el contrato social estándar del pago de impuestos para financiar el funcionamiento del Estado entra en discusión. Los ciudadanos y las empresas que deben tributar exhiben que pagan un monto de impuestos excesivo en relación con lo que recogen por parte del mencionado Estado. Muchos sostienen que el gasto público es ineficiente u opinan que otros son complacidos con privilegios impositivos que ellos no tienen. Por otra parte, se debe expresar que para poseer derechos también hay que cumplir con obligaciones, en este caso impositivas en función de la capacidad contributiva. Así se formaron los contratos sociales de las sociedades modernas. El Estado, a su vez, obtiene legitimación para el cobro de impuestos cuando esa recaudación es utilizada con administración social redistribuyendo ingresos, siendo esta faceta donde se desata la discusión sobre la redistribución del ingreso en nuestro país ya que diversos sectores concluyen que ésta no se presenta de manera eficaz. Además de esta contingencia, los conceptos básicos del contrato social se han sumergido en una vorágine de desconcierto desde el gran altercado por las retenciones móviles y, en los últimos años, por el reclamo de suba del mínimo no imponible en el impuesto a los ingresos de los trabajadores en relación de dependencia.

En carácter teórico, cuando los contribuyentes con mayor capacidad patrimonial y de rentas pagan más impuestos en proporción a sus ingresos marcan la cualidad de progresivo del sistema. Por eso el Impuesto a las Ganancias aplicado en escalas de ingresos y alícuotas crecientes es considerado progresivo, mientras que el Impuesto al Valor Agregado con una tasa uniforme sin tomar en cuenta el nivel de ingreso del contribuyente es denominado como regresivo. Esto representa que los estratos sociales de mayores ingresos en términos relativos deben tributar proporcionalmente más en un régimen impositivo progresivo; y si lo hacen menos, la distribución de recaudación sería regresiva. El Impuesto a las Ganancias a los trabajadores en relación de dependencia con salarios medios y altos tiene una influencia importantísima en términos de distribución progresiva del ingreso. Como se mencionó, esto no significa que no deban ser reformuladas sus escalas, alícuotas y desgravaciones, estableciendo un mecanismo de actualización automático del mínimo no imponible, considerando también la inflación que se presenta en la Argentina. Una posible reforma del Impuesto a las Ganancias debería estar relacionada también con la meta de progresar en términos de equidad tributaria, suprimiendo las exenciones que tienen algunos grupos de trabajadores, como es el caso de los jueces y otros miembros del Poder Judicial, y los ingresos derivados de la renta financiera. Una estructura impositiva es más equitativa cuando la carga de la recaudación se ubica en porcentajes crecientes en impuestos que pagan los sectores de mayor capacidad contributiva en la pirámide de ingresos. Ni este gobierno ni los anteriores esbozaron como tema esencial de sus respectivas gestiones una reforma tributaria integral para redirigirla hacia una mayor progresividad. A su vez, la proposición de cambios debe estar a cargo de expertos y no de recaudadores ya que éstos tienden a formular modificaciones sólo para favorecer la, valga la redundancia, recaudación que no es lo más importante desde la perspectiva de la política tributaria. En este sentido, Los tributaristas categorizan los impuestos a partir del principio de equidad. Entienden que un gravamen es equitativo si posee dos condiciones: la primera, llamada equidad vertical, instaura que dos contribuyentes con ingresos distintos deben tener cargas diferentes por el mismo tributo, de manera que aquel que tenga mayores ingresos tenga una carga mayor. La segunda condición es la llamada equidad horizontal, planteando que dos individuos con la misma facultad contributiva tienen que pagar un monto igual del impuesto en cuestión. De esa base conceptual se produce la progresividad de los impuestos.

Finalmente, cabe decir que en casi todos los países de medios y altos ingresos, del 65 al 80 por ciento de la recaudación de Ganancias procede de las personas físicas y el resto de las sociedades. En Estados Unidos, las personas físicas tributan el 81,6 por ciento y las empresas, el 18,4 por ciento restante de la recaudación por Ganancias. Aquí, la relación es inversa. La relevancia de ese resultado es que los ingresos de los primeros pueden ser redistributivos, mientras que los de los segundos son perfectamente precalculables. De este modo, el empresario los incorpora a sus costos. Así, el efecto es parecido al de un impuesto al consumidor.
Julián Lazo Stegeman