El Diario de Gualeguay
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Jueves, 09 de julio de 2020
NOTAS LOCALES
domingo, 28 de junio de 2020
La eternidad de los segundos
En mi infancia una vez escuchamos por la radio que en algún lugar del mundo había sucedido un terremoto y que su duración había sido de alrededor de tres minutos. Con ingenuidad le dijimos a mi padre: “menos mal que duró poco tiempo”.
El con sabiduría nos llevó a otra habitación, nos puso frente a su reloj y nos dejó en silencio durante tres minutos. A los pocos segundos pude comprender que el tiempo de ese del terremoto era digno de ser tenido en cuenta: era “lugar de compasión” por los damnificados por el sismo, tenía un dramatismo especial que lo hacía particularmente “denso”. Mientras el tiempo medido tiene la objetividad de la matemática de los días, las horas, los minutos, los segundos; el tiempo subjetivo en cambio tiene otras variables que vienen de las emociones, los sentimientos y en general de la complejidad de la percepción. La media hora de un encuentro con viejos amigos en una reconfortante cena, no es lo mismo para nada que la los treinta minutos en que pasa un enfermo introducido en un tomógrafo en el que parece que el claustrofóbico techo se le viene encima.

Dicen los que saben que los griegos (que tienen un bello idioma como el nuestro) para hablar del tiempo medido usan el término “cronos” (de ahí la palabra cronómetro), pero para hablar de los tiempos cargados de significación y de oportunidades hablan del “kairós”. Recuerdo, en este sentido, que una vez le pregunté a mi abuelo valenciano lo siguiente: “En tu tiempo ¿qué deporte hacían ustedes?”…; él me contestó: “éste es mi tiempo”. La edad ya avanzada no había “devaluado” su tiempo, el paso del tiempo medido por almanaques no había despojado sus horas de “significación y oportunidad”. Cuando irrumpió Jesús de Nazaret, una de las primeras cosas que dijo fue: “el tiempo se ha cumplido” en atención no a un reloj que indicaba una mera sucesión, sino en referencia a la urgencia de aprovechar la oportunidad. Dejar pasar una oportunidad es “como soltar un pájaro” decía bellamente Juan de la Cruz.

El tiempo no se “mata” porque es el espacio del don, pero también de la tarea personal y comunitaria que nos define de cara a la eternidad. ¿Será para nosotros esta cuarentena un mero paso del tiempo del reloj o un momento de oportunidad para aprovechar desde nuestra libertad? ¿Estamos aprendiendo a mirar con empatía los eternos segundos de los que sufren terremotos?

Pbro. Jorge Leiva