Razón crítica
Antropocentrismo y animales callejeros: el desafío ético frente al abandono animal.
En nuestra ciudad, al igual que en tantas otras dado que es una problemática a nivel nacional, es imposible ignorar la presencia de perros y gatos callejeros. Estos animales, que deambulan en busca de alimento y refugio, representan una contingencia que va más allá de lo evidente: detrás de cada animal abandonado se encuentra una cadena de decisiones humanas que perpetúan el problema. La raíz de esta crisis puede rastrearse hasta el antropocentrismo, una visión que, al situar a los seres humanos como el centro de todas las cosas, subordina el bienestar animal a nuestras prioridades.
Un problema construido por el hombre.
El abandono de perros y gatos tiene múltiples causas, pero todas se relacionan con una concepción utilitaria de los animales. Muchas personas adquieren mascotas sin reflexionar sobre la responsabilidad que ello implica, considerándolas meros objetos de consumo. Cuando las circunstancias cambian —como problemas económicos, falta de tiempo, de espacio o simplemente pérdida de interés—, la solución suele ser abandonarlos. Este acto, que para muchos parece una decisión simple, condena a los animales a un destino de sufrimiento en las calles, donde enfrentan hambre, enfermedades, accidentes y maltrato.
En los contextos urbanos, el problema se agrava por la falta de políticas públicas efectivas. La reproducción descontrolada de perros y gatos en situación de calle genera un círculo vicioso que es difícil de romper. Según diversos estudios especializados, una perra no esterilizada puede dar lugar, junto con sus crías, a miles de nuevos animales en un lapso de pocos años. Esto no solo incrementa el número de animales abandonados, sino que también profundiza problemas sanitarios y de convivencia en las comunidades.
La indiferencia como reflejo del antropocentrismo.
El antropocentrismo subyace en la indiferencia que muchas veces mostramos hacia los animales callejeros. Al priorizar nuestras necesidades y comodidades, relegamos a los perros y gatos abandonados al plano de lo invisible, como si su sufrimiento no fuera nuestra responsabilidad. Este enfoque no solo es éticamente cuestionable, sino que también contribuye a perpetuar una crisis que tiene implicancias sociales, ambientales y de salud pública.
La falta de control en la población de animales callejeros puede generar brotes de enfermedades zoonóticas, accidentes de tránsito y conflictos vecinales. Sin embargo, en lugar de abordar la raíz del problema —la irresponsabilidad humana—, muchas sociedades optan por soluciones inmediatas y a menudo crueles, como las capturas masivas o incluso el sacrificio de animales.
El papel de las políticas públicas y la comunidad.
Frente a este panorama, resulta fundamental replantear nuestra relación con los perros y gatos y asumir nuestra responsabilidad como sociedad. Las políticas públicas deben centrarse en la prevención y no en la reacción. Campañas de esterilización masiva, educación sobre la tenencia responsable de mascotas y la promoción de la adopción son herramientas clave para reducir la población de animales callejeros de manera ética y efectiva.
Asimismo, la colaboración de la comunidad es indispensable. Muchas organizaciones, refugios y personas particulares trabajan incansablemente para rescatar animales abandonados y promover la adopción responsable, pero su capacidad es limitada frente a la magnitud del problema. La participación activa de la ciudadanía, la denuncia de casos de maltrato y el fomento y educación para una cultura de cuidado y respeto puede marcar una gran diferencia.
La adopción responsable como acto ético.
En lugar de comprar animales de criaderos o negocios, adoptar a un perro o gato en situación de calle es una forma concreta de combatir el problema. La adopción no solo brinda una segunda oportunidad a un animal que ha sufrido el abandono, sino que también es un acto de justicia en un sistema que, históricamente, los ha marginado. No obstante, la adopción debe ir acompañada de un compromiso real con el bienestar del animal, asegurando su cuidado integral y evitando futuros abandonos.
Una cuestión de empatía y conciencia.
Resolver el problema de los perros y gatos callejeros requiere un cambio profundo en nuestra forma de pensar. Debemos abandonar la visión antropocéntrica que reduce a los animales a meros objetos y comenzar a reconocerlos como seres sintientes, con derechos y necesidades propias. Esta transformación no solo beneficiará a los animales, sino que también nos permitirá construir comunidades más solidarias y respetuosas.
En última instancia, el abandono y el maltrato de animales callejeros es un reflejo de nuestra relación con el mundo natural. Al replantear esa relación y asumir nuestra responsabilidad, no solo estaremos resolviendo un problema urgente, sino también avanzando hacia una sociedad más ética y justa, donde todos los seres vivos tengan un lugar digno.
Julián Lazo Stegeman