Pbro. Jorge H. Leiva
Vanguardia, Adviento e inteligencia artificial
Desde hace ya varias décadas se habla de “vanguardista” para referir a personas o movimientos culturales que pretenden ser de avanzada. El significado original de vanguardia hace referencia a la parte de una fuerza armada que va delante del cuerpo principal. Entonces, la vanguardia está formada por las primeras líneas de la formación de combate, que alude a las tropas que van por delante en el ejército, o sea, la línea de choque con el enemigo.
En sentido figurado se denomina con ese término al conjunto de movimientos artísticos o literarios surgidos en Europa a principios del s. XX, que tomaron esta imagen para definir su actitud renovadora y experimental, quizá con el presupuesto de que todo lo nuevo por el sólo hecho de ser nuevo es apetecible. En consecuencia, el término vanguardia parece estar vinculado a la idea de moda, progreso, avance, modernización. Es lo “adveniente”, lo que está llegando.
Es que la novedad siempre es seductora y despierta el deseo de conocer, de estudiar o bien de “curiosear”. Y la virtud de la estudiosidad se mueve entre estos dos extremos: la pereza intelectual y la curiosidad voraz de quien quiere conocerlo todo “robando fuegos ajenos” como Prometeo o árboles prohibidos como Adán. También la novedad, a veces, tiene que ver con nuestra ansiedad, es decir, con esa disfunción que tenemos respecto al futuro, con esa inquietud por la llegada de lo que aún no vino.
En este momento tenemos, por ejemplo, una “vanguardia” que avanza en la batalla contra la ignorancia y es –entre otras- la inteligencia artificial. ¿Qué es? Es “un campo de la informática-dicen los buscadores- que se enfoca en crear sistemas que puedan realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como el aprendizaje, el razonamiento y la percepción”. Esta nueva forma de acceder al conocimiento es de vanguardia, es adveniente porque está llegando.
Preguntémonos: Esto que está llegando, ¿es para nuestras experiencias de la dignidad existencial? Partiendo desde el principio de que todo progreso trae desafíos y riesgos, ¿quién está elaborando el “prospecto” que nos diga cuáles son las ventajas y las contraindicaciones de su uso? ¿Cuáles son las escuelas que nos librarán de las fatídicas ignorancias acerca de su uso?
Los que creemos en el Resucitado que está llegando, que está volviendo, como “Divino Amigo Adveniente” estamos llamados a descubrir los signos de su Reinado en los corazones, en las familias, en el conjunto del Pueblo de Dios: para eso nos viene bien este tiempo de adviento en preparación para la Navidad.
Él viene con su “vanguardia”, con su pacífico ejército que no tiene ojivas nucleares sino el poder de la Verdad, la Caridad y la Belleza. Él también es nuestro “prospecto” para discernir y distinguir cuándo una medicina es veneno de acuerdo a la dosis y a la posología. Él es nuestra Sabiduría para aprender a esperar lo que viene, lo adveniente, para aguardar sin ansiedad, sino viviendo cada momento como una oportunidad. Él está llegando con una inteligencia impregnada del amor de su Corazón: no como presencia abstracta sino como Amigo que activa lo mejor de nosotros y nos compromete a amar como Él amó.
¡Ven, Amigo! ¡Danos una inteligencia que no sea artificial sino real!
Lo demás será añadidura.