Club Social
Club Social: Se presentó el libro “Caso Único”
El pasado viernes 28 de marzo, en el Club Social, tuvo lugar la presentación del libro “Caso Único”, cuyo autor es José Luis Quevedo (Pepito) quien narra la vida y las anécdotas de su padre José Luis Quevedo Villagra (Pepe), que fuera propietario del la Estancia “Las Rosas” en Talitas y en la cual, entre otros de sus muchos emprendimientos, abrió al público el balneario “Palo a Pique” situado a orillas del río Gualeguay, un lugar de ensueño.
“Pepito” acompañó a su padre en muchas de sus iniciativas, en que ponía en riesgo, en la mayoría de ellas, grandes sumas de dinero, pero que su hijo las describe después de muchos años, con gracias y simpatía.
Mucho público colmó el Salón Mayor del Club Social, personas que conocieron al personaje del libro y amigos de la familia. Es así que estuvieron presentes vecinos de Urdinarrain, Gualeguaychú, Talitas, Larroque, Cuchilla Redonda. Enrique Carbó, Buenos Aires, La Plata y, por supuesto, de nuestra ciudad donde Pepe Quevedo tenía muchos amigos con los que frecuentaba el Club Social, sobre todo para disputar partidas de ajedrez, una de sus grandes pasiones.
La presentación, organizada por la Subcomisión de Cultura de la institución, estuvo a cargo del Lic. Roberto Romani, en la que también participó el periodista José María Quevedo, nieto del personaje de la obra, y el editor Rodolfo García. La música también se hizo presente en las voces de Celina Taffarel acompañada en acordeón por Daniel Dargains, luego Ana María Frías ofreció un tango y Máximo Taffarel cantó “Volver a soñar”, un tema que escribió dedicado a Pepe Quevedo.
A continuación transcribimos los conceptos de un amigo de la familia sobre esta presentación.
Quevedo: un legado de amor y pasión
Las sombras se apoderaron del día, y la luna incandescente del otoño nos mostró la sofisticación del Club Social de Gualeguay. Una belleza arquitectónica que refleja la estirpe de una hermosa y querida ciudad.
Asistimos a un “momento único”, un instante suspendido en el tiempo, tan dulce como el susurro del viento. José Luis “Pepito” Quevedo, en un acto de generosidad enorme, abrió una ventana al pasado, exponiendo en su libro Caso Único, las anécdotas y memorias de su querido padre. Es extraordinario que un hijo rescate las vivencias patriarcales, esas historias tejidas con los hilos dorados de la luz y las sombras, que los descendientes a menudo evitan exaltar.
“Pepito” tiene los ojos vivaces, inquietos como estrellas titilantes en la oscuridad, y se esfuerza por contener su lenguaje corporal, ese diálogo silencioso que habla más que mil palabras. Su mirada, evasiva como un pez esquivo en aguas turbias, parece querer escapar de las miradas inquisidoras que lo rodean. Camina esquivando las emociones, como si el peso de sus sentimientos fuera una carga imposible de llevar. En sus ojos se encierran océanos de aceptación, y sus arrugas son mapas de un territorio conquistado y contradictorio, mientras su alma es un volcán en erupción que fluye, ilumina y despierta los más profundos misterios.
Lo observé, lo disfruté y lo aplaudí, como si el eco de su historia resonara en cada uno de nosotros. Su libro representa no solo su reconstrucción emocional, sino también la confesión del alma que redime un tiempo tumultuoso e intenso. Él abraza la nostalgia como una manta cálida, reverencia la vida de su padre, acepta sus pasos como un fiel discípulo, critica sus atajos con la mirada de un observador astuto y, sin embargo, grita y exclama la magnífica vida al lado de su padre.
A menudo se cuenta la historia sin advertir su contexto, como si pintáramos un cuadro sin ver el paisaje. El padre de “Pepito” era un ser divertido, soñador y romántico, adelantado a su época; su intrepidez brillaba en una sociedad llena de mandatos y prejuicios, como un faro deslumbrante en la niebla, atrayendo a aquellos que soñaban con vivir de esa manera, pero no se atrevían.
“Pepito” Quevedo cerró una etapa, una deuda espiritual con su vida, como quien cierra un capítulo de una obra añeja y polvorienta. Exaltar la imagen de su padre lo ennoblece, lo interpela y revela su corazón sensible y su alma repleta de ternura. Se convirtió en un artista que pinta su integridad en cada lienzo y que, con su pluma, destila la sabiduría de perseguir los sueños y enfrentar los desafíos, como un guerrero en la búsqueda de su destino.
Hoy desperté con el ardiente deseo de conocer Talitas, un rincón donde los sueños danzan en el tiempo. Cerré los ojos y recordé las miradas, los abrazos y los encuentros de una noche colmada de “casos únicos”, como joyas brillantes en la penumbra de la memoria.
La historia de Pepito me movilizó tanto que me prometí visitar la estancia Las Rosas, ese jardín secreto donde el tiempo susurra entre sus hojas. Seré feliz cuando me embriague con la sombra de su cedro centenario, confidente de tantas utopías, un guardián silente de anhelos olvidados; cuando el aroma de un tiempo maravilloso envuelva mis sentidos como un abrazo infinito; cuando descubra sus rincones de luz, escondidos como tesoros en el baúl del pasado, y cuando sienta el abrazo imaginario de ese personaje irreverente, osado e increíble, cuya esencia aún perdura como un eco en el viento.
Pepe Quevedo reinó sin corona en un imperio en llamas, donde la pasión se entrelazaba con el caos. En aquel tiempo, Antonio Carrizo anunciaba posibles golpes de estado y guerras civiles; Perón pregonaba sus andanzas como un trovador de la revolución, Horacio Verbitsky advertía sobre dictaduras en Latinoamérica
Víctor Etchepare -Shepag-
-------------------------------------------------------------------------------------------------------