por Santiago Joaquín García
Rosendo nos habla del presente
Cumpliendo con un deseo tantas veces postergado, me interné en la lectura de la poesía de Rosendo Taborda, el maestro de Puerto Ruiz. Una obra indispensable.
Como parte de nuestro contrabando de libros que no tiene otra ganancia que la espiritual (como si fuera poca), Tuky Carboni me prestó ‘Búsqueda en poemas’ de Rosendo Taborda. Y Tuky tenía razón. No importa cuándo leas esto, y no importa lo que venga después. En esta oportunidad tenía razón porque se trata de un escritor muy poco nombrado para la belleza que sus versos pueden evocar. La biblioteca de Puerto Ruiz, su amada escuela, siempre lo recuerdan, pero pregunto: ¿Se leen nuestros poetas en las escuelas? ¿Es más importante el sujeto tácito que la palabra de quienes habitaron estas tierras? Desde acá aportamos nuestro pequeño granito de arena.
Algunos datos biográficos
Comparto los escuetos datos que se encuentra en la solapa de su libro:
Nació en el mes de septiembre de 1924 en la ciudad de Gualeguay provincia de Entre Ríos y falleció en julio de 2004. Egresó de la Escuela Normal de Gualeguay con el título de Maestro Normal Nacional y se desempeñó durante 38 años como maestro y director de la Escuela Primaria Nº 11 "Hipólito Bouchard" de Puerto Ruiz, donde se jubiló en 1985. Participó en las sucesivas ediciones de la Sociedades de Escritores de Gualeguay, tituladas "Muestra Literaria" e "Itinerario Entrerriano". Publicó los folletos "Vibraciones" y "Poemario de aulas", también publicó sus poesías en diversos diarios de la provincia de Entre Ríos, Campana (Bs. As.) y Gualeguay. Colaboró con la Página Literaria del diario El Debate Pregón y El Supremo de Gualeguay. Se destacó también su participación en Radio Gualeguay LT 38 junto al poeta Roberto A. Romani.
Un prólogo
La profesora Isabel Pedrazzolli le dedicó unas palabras preliminares a su obra reunida en forma póstuma por la Editorial de Entre Ríos:
“Vocación y servicio. Dos palabras que vertebran la vida de don Rosendo Taborda. Desde joven abrazó con profunda vocación la profesión docente que lo condujo a la escuelita de Puerto Ruiz y allí ancló por muchos años.
No fue solo maestro, fue amigo, consejero, médico de esa pequeña comunidad enclavada a orillas del Gualeguay. En esa verde y dulce tierra su alma sensible de poeta comenzó a dar sus frutos.
Sus poemas llenos de sabiduría y belleza, llenos de luz, captan y expresan con palabras sencillas los anhelos, las angustias, las realizaciones de su espíritu que no son otras que las de los espíritus de todos los hombres. La poesía tiene su emblema que puede ser una breve frase que constituye un signo, su signo, el emblema propio de la poesía de un poeta y le es suyo pese a todas circunstancias. De ahí que cuando leemos a un poeta sentimos que somos ganados por eso que le es tan suyo y que nos permite reconocerlo”.
Su obra
Empiezo la lectura totalmente despojado de cualquier prejuicio y me empiezan a golpear tanto los temas como las figuras. Su actualidad es impactante. Veamos el caso de ‘Recuerdo navideño’ teniendo en cuenta que faltan pocos días:
No puedo conciliar esta violencia
del consumo y la cohetería
con otra Navidad en cuya esencia
perfumo mis recuerdos todavía.
¡Qué distinto sentir de la humanidad
la Navidad de mi niñez tenía!
Siguiendo con las cercanías, prestemos atención a ‘Carnaval’
Anda el Rey Momo pintando
rostro de risa la gente
recubriendo el que llevamos
rutinario y permanente.
Anda con traje de luces
y con brillo que deslumbra,
pretende borrar las penas
de las almas en penumbra.
Lo difíciles que me resultan esas rimas. Y este poeta sensible de nuestros temas las encadena con una naturalidad que las hace parecer aún más sencillas. Miremos a través de sus ojos ‘Mi ciudad’
Mi ciudad tiene un ángel delicado
en el aire, en la gente o el paisaje.
Sueña en el río de pausado viaje
y flota con su cielo reflejado.
Si no fuera así, ¿quién ha inspirado
en Gualeguay, el alma y el mensaje;
la lírica vertiente de un linaje,
al cultivo del hombre dedicado?
¡Ven a conocerlo, visitante,
a gustar su floresta exuberante,
al diálogo del verde y del estío!
Ven a integrar su estilo provinciano,
donde te espera la palabra “hermano”
en la ronda del mate junto al río.
Condensa todo en catorce versos. Deberíamos entregárselo a los turistas que llegan en un papel. Su mirada no tiene límites. Veamos lo que le escribe a sus manos:
En mis dos manos están
con la amistad y el amor,
la esperanza y el afán
en un futuro mejor.
Son dos esclavas que Dios
dejó conmigo al nacer
sumisas andan las dos
las sendas de mi deber.
¡Ah! Si pudieran mis manos
vencer las fuerzas del mal
y liberar los humanos
de la injusticia social.
Tiene palabras bellas incluso para el timbó de la Escuela Normal. Y hablando de su profesión docente, lo escuchamos elogiar a José Luna, un maestro de campaña:
Allí en tu escuela, junto a tierra arada,
derrotas del olvido la inclemencia
y siembras sin orgullo y estridencia,
semilla de país en tu patriada.
Amigo. Esos dos últimos versos son una patada. Nuestro espacio es limitado y deberíamos compartir cada uno de sus poemas. No puede faltar el que le dedica a ‘Puerto Ruiz’:
En la curva del río de morado,
junto a sauces de lánguido ramaje,
persiste Puerto Ruiz en ser paisaje
por la mano de Dios condecorado.
Sus rumores de ayer, han silenciado;
ya no surca a los aires, el mensaje
de motores moviendo el engranaje
que labró su pujanza en el pasado.
Apenas podemos hacer lugar para estos fragmentos, pero usted ya sabe lo que le voy a decir. Vaya a la Biblioteca Mastronardi, pague la cuota que es exigua y ayuda muchísimo, y pida un ejemplar de este libro. Si le gustó lo que leyó, claro. Este hombre podía cantarle a personas tan nuestras como Emma, Roberto Romani o Catón. También a las cosas más sencillas, como un mate que le habían regalado. Y lo hace con una dulzura y una conciencia de los problemas que emociona.
Según sus propias palabras, tenía “la intención de encontrar vivencias propias y ajenas que puedan aportar al espíritu la dosis de buenos sentimientos que tanto necesita la humanidad de nuestros días, intensamente conflictuada y preocupada por los avances de la tecnología en desmedro del cultivo de valores humanos trascendentes. (…) La tarea ha sido grata, pero tal vez resulte algo ingenua su publicación en tiempos en que el alma no tiene tiempo, jaqueada por la violencia y el materialismo, ingredientes muy comunes en la “sociedad del consumo”.
Le contesto Don Rosendo. Lo logró con creces. Le ha aportado mucho a mi espíritu con sus vivencias que gritan presente. Espero que a usted lector o lectora le haya pasado lo mismo.