Cultura
Una pareja de mejicanos visitó Gualeguay tras las huellas de Juanele
Conmovidos por la obra del poeta local, Dante Saucedo y Alejandra Cortez, oriundos del Distrito Federal, recorrieron la ciudad, el Puerto, el río, visitaron a Tuky Carboni y se fueron con ganas de volver. por Santiago Joaquín García
Se dice que uno de los temas universales de las novelas es el viaje. En algunos casos, el recorrido atraviesa territorios reales o míticos y las aventuras condimentan el relato. Otros casos tratan de un movimiento interior, donde quienes protagonizan se van transformando a medida que se desplazan en el tiempo y el espacio. Las mejores obras tienen un poco de ambas. Si Dante y Alejandra fueran parte de la ficción deberíamos esperar a ver cuáles son las consecuencias de este trayecto por el litoral argentino. Como son dos personas reales contamos con la posibilidad de conversar con ellos. Son amables, respetuosos e inteligentes. Más no se puede pedir para una entrevista.
“Dos poemas de Juanele”
Hablará un poco más Dante, por ser el impulsor de esta aventura: “No recuerdo realmente cuándo fue la primera vez que escuché hablar de Gualeguay, pero no hay duda de que fue por Juan L. Ortiz. No sé si fue buscando su obra o leyendo cosas sobre él. Incluso, antes de entender bien sobre el lugar, leí o escuché sobre los dos poemas de Juan L.: "El Gualeguay" y "Gualeguay". Uno dedicado a la ciudad y el otro al río. Antes de saber quién era Juanele, realmente no tenía otra referencia de Gualeguay ni de Entre Ríos”, destacó. Luego nos cuenta un poco de su contexto personal: “Nací y crecí en la Ciudad de México, una de las ciudades más grandes del mundo. Siempre he estado interesado en lugares distintos a la ciudad. Mi familia viene del campo, aunque tuvieron que salir de ahí cuando mi madre era pequeña. La familia de mi madre es de una zona en Michoacán célebre por su violencia, incluso antes de la época del narco. Por eso salieron, huyendo de diversas violencias. Estas historias de bandidaje, persecuciones, violencia y revoluciones siempre han estado presentes en mi entorno”, destaca. En la academia se conocieron con Alejandra: “Estudié filosofía, aunque nunca me dediqué a la academia porque no me sentía cómodo ahí. En su lugar, he dado clases particulares, trabajado en edición y por mucho tiempo hice periodismo en lo que en México llamamos "medios libres", un concepto que entendía el periodismo como una práctica política casi militante. En ese contexto, acompañé a comunidades originarias en procesos de defensa de la tierra, el agua y la vida. Este trabajo me conectó profundamente con las luchas por el territorio, algo que también veo reflejado en la obra de Juanele”, afirma.
Los detectives salvajes y el viaje a Gualeguay
Reseño un poco la biografía de Alejandra (no les gusta destacar mucho sus trayectorias a estos humildes jóvenes). Ella también se formó en filosofía y hoy está haciendo una formación de posgrado en psicoanálisis. La escuchamos contar cómo surgió la idea: “Este viaje a Gualeguay es consecuencia de otro que hicimos en 2020. Durante la pandemia, Dante y yo decidimos recorrer el itinerario de "Los detectives salvajes" en Sonora. En ese viaje visitamos Hermosillo, Caborca y Peñasco, entre otros lugares. Encontramos el Atlas en el que se basó Roberto Bolaño para hacer la descripción del recorrido que hacen los detectives salvajes. Bolaño era mi obsesión en ese momento. Hace unos días Dante estaba como tratando de figurarse qué estábamos haciendo en este rincón del mundo, entonces llegamos a la conclusión que es una cosa que hacemos mucho, ¿no? Como que vamos a estos lugares míticos que se han vuelto parte de cómo escribimos y pensamos nuestra propia historia. Entonces, hace unos años Dante se empezó a obsesionar con Saer, y consecuentemente con Juanele. Cuando estábamos en la sala, en la cocina, en la recámara, en cualquier lugar, Dante estaba leyendo a Juanele y me enseñaba desde el Google Maps, Entre Ríos, me enseñaba el río Paraná, me enseñaba el Gualeguay, me enseñaba Santa Fe, me enseñaba el recorrido que había que seguir por carretera, no paraba de hablar de eso. Hacíamos nuestros recorridos imaginarios y virtuales todo el tiempo y a cada rato. Dante me enseñaba desde su celular todos estos lugares, y me contaba sobre paisajes que él tampoco nunca había visto. Entonces, digamos que de la más amorosa manera posible, ya me harté, y decidí que teníamos que empezar este viaje para que dejara de imaginarse y empezáramos a ponerles cara a todos estos terrenos de los que Dante no paraba de hablarme nunca. Entonces, compramos un boleto hace siete meses, hasta que se llegó la fecha. Un poco eso es la historia de cómo decidimos planear este viaje”, enumera.
“Nos han recibido muy bonito”
Quisimos saber cómo fue para Dante el contraste entre la lectura y el paisaje: “Pues creo que todo nos ha ido sorprendiendo muchísimo, es muy diferente a la geografía mejicana, agreste, con sierras, montañas y cañadas. Es muy distinto cómo se ve el cielo y la luz por acá. Pero creo que igual lo importante también no es tanto qué tan parecido es a lo que me esperaba en términos de la imagen, sino pues, cómo encontrarse también con la gente y cómo es su lugar, su paisaje, el río. No es ir a comprobar si la foto es igual a la imaginación, sino es cómo se vive, cómo habla la gente, cómo la gente habla de su lugar, cómo recorre su espacio y pues eso creo que ha sido muy bonito. Porque además en Santa Fe, en Paraná y en Gualeguay nos han recibido muy bonito, hemos tenido encuentros muy bonitos, nos hemos sentido muy bienvenidos. Al final, pues también creo que eso es parte de cómo se experimenta y se vive un espacio y un territorio”, definió. Acá se cuela la infidencia del cronista. Tuve el honor de presenciar la visita que hicieron a la casa de la escritora Tuky Carboni, y además de la amabilidad, la lucidez y la calidez a la que nos tiene acostumbrados nuestra referente, fue muy interesante el intercambio que pudieron hacer, que promete continuar por canales virtuales.
Juanele como figura tutelar
La obra de Juan L. Ortiz llegó a Dante a través de Saer (uno de los primeros responsables del renombre de nuestro poeta a nivel nacional). Lo escuchamos un poco: “Empecé a leer a Saer, primero ‘El entenado’ y luego ‘El limonero real’ y me volaron la cabeza los dos y se me hizo muy curioso que me hacía pensar muchísimo en lo que yo había visto. Un libro escrito en los setenta en la zona del litoral argentino me hizo pensar muchísimo en lo que yo había visto en viajes por el México rural. Como dicen ustedes, me flasheó mucho, como que algo tan lejano me resultara tan familiar en las descripciones. Empecé como a leer mucho a Saer y un poco sobre la región, la literatura y pues, obviamente, Juanelle estaba ahí como el personaje un poco tutelar más importante de Saer y de toda esa generación de poetas como Hugo Gola, Paco Urondo, Marilyn Contardi. Lo empecé a leer casi como una mitología, muy a los detectives salvajes, como otra generación medio perdida de referentes lejanos y que además ellos mismos hacían ese viaje para visitar a Juanele cuando él estaba en Paraná. Y cruzaban el río y visitaban a Juanele, pues por su poesía y también por sus enseñanzas existenciales, como su modo de vida, etcétera. Empecé a descubrir que había ahí como toda una obra, una mitología, una construcción sobre su obra, sobre el personaje, sobre la época, sobre el grupo. Me empezó a atraer eso, mucho la escritura de todos y todo ese momento generacional, que igual fue un poco corto, pero muy intenso y para todos a quienes yo leía era como el momento fundacional de su vida”.
“Una señal casi mítica”
Son inevitables las conexiones entre el paisaje, la literatura y las luchas por el territorio, tanto en Argentina como en México. Veamos cómo lo piensa Dante: “Fue muy fuerte darme en cuenta la importancia que tenía el río y los ríos, el Gualeguay en específico, pero en general los ríos para Juanelle. Me sirvió para volver también a entender eso, la importancia de los ríos en los pueblos en Méjico y en la vida en Méjico: el agua, la tierra, la defensa del territorio. Era también encontrar ahí un referente pues muy lejano y súper poético de algo que en nuestro país se vive con más crudeza, que es la defensa del territorio frente a la violencia, el despojo, etcétera. Tener a alguien, una figura que escribiera y que hiciera poesía sobre los ríos y sobre su tierra y sobre el paisaje y que fuera como un referente también para algo que en Méjico suele ser menos poético y bastante más prosaico y agresivo a veces”, comentó y siguió en el mismo sentido: “Con muchos amigos de allá siempre hablamos de los ríos y siempre como que el río es una cosa fundamental en la existencia de y en la vida cotidiana de los pueblos. Simplemente descubrir un poeta tan maravilloso y que su lugar de origen se llamara Entre Ríos ya era casi como una señal casi mística para seguir ese rastro”, cerró.
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Me pregunto si en Gualeguay somos conscientes de lo que siguen despertando las y los referentes que hicieron de nuestra ciudad Capital de la Cultura de Entre Ríos. Trascienden las fronteras, pero en su propio territorio, muchas personas, desconocen casi todo sobre su obra. Estos hermanos mejicanos vinieron a recordarlo una vez más.