Cultura
Darwin, Linares Cardozo y Entre Ríos
En tiempos que miramos para afuera para buscar referencias, todavía quedan investigadores que hacen el camino opuesto. Víctor Hugo Acosta decide conectar personajes que parecen no tener nada en común, pero tienen mucho que ver con nuestra manera litoraleña de entender el mundo. por Santiago Joaquín García
Confieso que sabía poco y nada del paso de Darwin por nuestra provincia. Linares me resultaba más familiar, pero el vínculo que propone Acosta me descolocó e intrigó. Cuando uno lee el título del libro (Darwin, Linares Cardozo y Entre Rios. Sus andanzas por Entre Ríos, la música y los libros) se pregunta cómo se resolverá esta promesa.
Antes que nada una aclaración: “El prominente científico inglés Charles Darwin, en el año 1833, anduvo investigando por nuestra Entre Ríos”. Y sobre el diario de viaje que realizó, entre otros textos, se basan parte de las investigaciones de Acosta. Sin embargo, Jorge Noriega nos da algunas pistas en el prólogo para entender por qué se elige la figura del naturalista: “Como dice Sean Carroll, Darwin nos hizo dar cuenta de que los seres humanos somos animales desarrollados en una historia de cambios mucho más vasta. Somos parte de la naturaleza y no estamos por encima de ella”, comenta y sigue: “y pone el ojo sobre el estrato y la marginación cada vez más marcada con que sometemos a inmensas poblaciones de nuestros congéneres del exterminio y la reducción a la servidumbre que infligimos a los demás seres vivos del planeta en flagrantes ecocidios”.
La relación con Cardozo es más clara, pero lo propio hace Horacio Martínez sobre Linares Cardozo: “Linares penetra con respetuoso empeño en el folclore entrerriano y argentino, más no para ofrecernos una copia impersonal, estática, de su amor por el pago. Él lo recrea, lo renueva, lo estiliza, lo perfecciona y le imprime el sello de esa sapiencia ganada en tantos años de recorrer almas, sentimientos, caminos y sufrimientos, y conocer los duros oficios del hombre entrerriano. Bueno, sano, esperanzado, luchador. La vida, los sentimientos, los amores del hombre entrerriano están en sus obras”.
Paralelismo previo
Acosta traza en un cuadro minucioso las “analogías y concordancias” que encuentra entre Darwin y Linares Cardozo:
-Darwin y Linares anduvieron investigando por Entre Ríos; Darwin y Linares tuvieron mucho interés en los pájaros; Darwin y Linares amaban la naturaleza; Darwin y Linares respetaban las ciencias; Darwin y Linares fueron agudos observadores; Darwin y Linares estudiaron sobre la música; Darwin y Linares recorrieron los territorios donde investigaban; Darwin y Linares tomaban notas de sus trabajos de campo; Darwin y Linares fueron muy lectores; Darwin y Linares publicaron sus investigaciones; Darwin y Linares fueron criticados y tergiversados por sus trabajos; Darwin y Linares tuvieron y tienen sus férreos seguidores; Darwin y Linares fueron reconocidos totalmente post mortem
El proyecto del libro
Acosta explica cuál es su intención
“Me sentiría más que satisfecho si acerco a algunos lectores a un hombre que dedicó toda una vida a descifrar nuestra naturaleza humana junto a la flora y la fauna. Para ello se me ocurrió matizar las vivencias de Darwin con la creatividad y el trabajo de un referente de la cultura entrerriana. Al nombrar a Entre Ríos, no puedo menos que recurrir al legado de nuestro patriarca del cancionero provincial, Don Linares Cardozo, cuya obra tiene que ser releída y revalorada (…) y creo que logré traer la palabra de Darwin y a su vez insertar el talento y el pensamiento de un gran entrerriano, a fuego lento, poco a poco y con delicadeza, buscando y encontrando sus coincidencias en los grandes temas comunes”, indica.
Y uno de los grandes aciertos de esta investigación es la forma en que se van intercalando ambos referentes. A los trepidantes relatos de viaje, Acosta los matiza con “pausas” (así las llama) entrerrianas.
Los pájaros
Tomemos como ejemplo la relación que establece Acosta entre los pájaros y los protagonistas de su obra:
“Entre Ríos es toda música, con casi trescientas especies de aves detectadas que eligieron anidar en las tierras montieleras. Todo un privilegio que podemos disfrutar quienes amamos a Entre Ríos. Y cada día esas pequeñas vidas emplumadas nos deleitan con sus melodías desde todos los rincones de esta isla. Las selvas de Montiel hacen silencio ante el concierto sin igual del canto de sus pájaros. ¿Cómo entonces no van a existir en estas cuchillas sonoras guitarras, cálidos cantores, talentosos poetas, melodiosos acordeones? ¿Cómo entonces no va a haber obras musicales en ritmos de chamarritas, de tanguitos montieleros, de chamamés, de balseados, de polcas, de tristes, de cielitos, de milongas entrerrianas, que se interpretan maravillosamente para llegar al corazón? Si el silbido que emerge de las pequeñas gargantas de un cuerpecillo emplumado tiene el sabor del monte y de humedales, y contagia de notas. Si solo basta con acercarse a la verde flora y cerrar los ojos, ya que ese canto silbado puede ser traído por las brisas. Si hay en este “abrazo de agua” toda una armonía musical que cobijan las escondidas vertientes, las lagunas claras, los inquietos arroyos y los bravos ríos.
Entre Ríos es tal por su música natural, la que nos regala a cada segundo nuestros pájaros cantores”.
Veamos qué nos dice Linares recreando una leyenda sobre la creación de Entre Ríos:
“Cuenta la más antigua leyenda del litoral que el creador todopoderoso ya había hecho emerger las tierras altas. Al distribuir equitativamente sus dones lo inquietó una preocupación: sobrándole bandadas numerosas que trinaban primorosamente deambulando por el cielo sin tener donde posarse. Justiciero, el gran maestro, interesó a dos hermanos, los genios bondadosos de los ríos Paraná y Uruguay, para que aunando esfuerzos amontonaran la arcilla residual que acarreaban sus corrientes para integrar un lugar donde las avecillas pudieran vivir alegremente, sin ser molestadas. Así lo hicieron, y en “dulce abrazo de aguas” fue apretujado el limo, luego en armonioso vaivén quedando como vestigio el suave ondular de sus lomadas y la humedad que viene desde la Hondura vertiéndose en la gracia urdimbre de sus arroyos.”
Darwin llega a Entre Ríos y se da cuenta de su potencial en forma inmediata: “Esta provincia llegará a ser de seguro uno de los territorios más ricos de la Argentina. El suelo fértil y la forma casi insular de Entre Ríos le da dos grandes líneas de comunicación: el Paraná y el Uruguay. Me detengo cinco días en bajada y estudio la geología interesantísima de la comarca. Hay aquí, al pie de los cantiles (barrancas) capas que contienen dientes de tiburón y conchas marinas de especies extintas”. Su predicción no se hizo demorar, ya que él pasó por nuestras tierras en 1833 y la batalla de Caseros tuvo lugar en 1852.
Volvemos al ejemplo del interés de Darwin por los pájaros de nuestra tierra: “Estas aves abundan en el interior, a lo largo del río Paraná. Dícese que permanecen allí todo el año y se reproducen en las ciénagas que lo costean. Durante el día se posan a bandadas sobre el césped de las llanuras a poca distancia del agua, anclados, como he dicho, en una de las caletas profundas que separan las islas del Paraná. Vi de pronto aparecer una de esas aves en el momento en que iba haciéndose profunda oscuridad. El agua estaba perfectamente tranquila y numerosos pececillos aparecían en la superficie. El ave siguió largo tiempo volando con rapidez sobre ésta, registrando todos los rincones del estrecho canal, donde las tinieblas eran completas a causa de la noche que había sobrevenido y a causa de la cortina de árboles que aún más lo entenebrecía”.
Otros ejemplos
Veamos en una relación un poco más extensa cómo dialogan los autores en la obra de Acosta:
Darwin:
“El Paraná está lleno de islas destruidas y renovadas constantemente. El capitán del barco recuerda haber visto desaparecer algunas de las mayores, formarse otras luego y cubrirse de rica vegetación. Esas islas se componen de arena barrosa, sin el más pequeño guijarro. En la época de mi viaje, su superficie estaba a unos cuatro pies (1219 metros) sobre el nivel del agua, pero se inundaban durante los desbordamientos periódicos del río. Todas presentan el mismo carácter. Están cubiertas por numerosos sauces y algunos otros árboles unidos por una gran variedad de plantas trepadoras, lo cual forma una espesura impenetrable. Estas espesuras sirven de refugios a los capibaras y jaguares (carpinchos y yaguaretés).
Pausa entrerriana.
Don Linares en una de sus nanas, canciones de cunas recopiladas, se refiere a una leyenda sobre un carpincho blanco de las islas, pero también hace alusión al yaguareté y a las islas.
Si mi niño no se duerme,
si mi niño está llorando,
haciendo ruido en los dientes,
llegará en carpincho blanco.
Palabras finales
La extensión de esta nota no nos permite seguir ahondando. Recomendamos fervorosamente la lectura de este trabajo de investigación que tanto nos dice sobre nosotros (las inundaciones, las sequías, los animales que se han extinguido). En un tiempo en el que se nos pide ser irlandeses, o alemanes, hay quienes todavía elegimos ser entrerrianos.