Columna de opinión
El sentido común, el menos común de los sentidos.
Días pasados, desde el gobierno provincial sugirieron que, ante una ola de calor, se podía apelar a acortar la jornada escolar o aplicar el sistema de enseñanza online, el cual es más complejo por razones varias que ya hemos experimentado.
Lo más acertado sería lo primero y más aún una suspensión de actividades que sería de no más de 4 o 5 días. Pero no, con 36°y sensación de más de 40°, las clases siguen sin importar consecuencias de golpes de calor, deshidratación, poca atención. No importa, hay que asistir que después se compensa con feriados turísticos. ¿La cantidad de días de clases en estas condiciones aumentan la calidad educativa? ¡No! Por el contrario, es una situación que la complica y pone en peligro a chicos y grandes, es inaudito. Cuando teníamos 3 meses de vacaciones y suspensiones por cuestiones climáticas, como ocurrió en marzo de 1980 por un calor desmedido, la calidad de aprendizaje era superior, los alumnos salían sabiendo leer, comprender, resumir, expresarse correctamente, hacer cálculos matemáticos y buen rendimiento en la mayoría de las asignaturas.
Más días, no significan más calidad y en estas jornadas equivale a una tortura.
¿Quién tiene que decidir la suspensión? ¿A nivel Consejo de Educación, a nivel Departamental, a nivel escuelas? Tomen conciencia, están jugando con la salud de los alumnos y docentes.
Graciela Saavedra