La princesa
El primer madero sonoro que vio y lo hechizó fue la guitarra del abuelo. Con ella tuvo su prístino abrazo como la teta de su madre. Tenía vencido el diapasón: el mástil o mango “abananado” parecía un arco y le dificultaba los primeros ejercicios de la escala cromática desde la sexta a la prima, pasando por los cuatro trastes primeros para ascender y descender la escalera de notas por semitonos con unos obenques con clavijas de madera.