Cuando el juego deja de ser juego Adolescencia, carnaval y banalización de la violencia
Durante las siestas de verano, en plazas y calles de muchos pueblos, el carnaval irrumpe con su lógica de desborde: baldes de agua, globos, espuma, corridas y risas. El ritual festivo habilita, históricamente, una suspensión momentánea de las normas cotidianas. Es el tiempo del exceso permitido, un momento en el que lo habitual parece invertirse y el cuerpo ocupa el centro de la escena.